31 de marzo 2005 - 00:00

Trasladan bien a Corrientes "productores" de Broadway

Guillermo Francella y Enrique Pinti son los inescrupulososproductores de la comedia musical de Mel Brooks.
Guillermo Francella y Enrique Pinti son los inescrupulosos productores de la comedia musical de Mel Brooks.
«Los productores». Libro: M. Brooks y T. Meehan. Mús. y letras: M. Brooks. Adap. canciones: E. Pinti. Int.: G. Francella, E. Pinti, M. Rojí, J. Priano, P. Sultani, M. Brandan y elenco. Dis. Esc.: A. Negrín. Dis. Vest.: F. Luca. Dis. Ilum.: A. Del Mastro. Dir. Musical: G. Gardelín. Dir. Actoral: C. Olivieri. Dir. Coreog.: C. Walker. Dir. Gral.: R. Pashkus. ( Teatro «Lola Membrives»).

El sello Mel Brooks está presente en todos los cuadros de esta divertida comedia de enredos que se burla de la industria teatral de Broadway sin traicionar las leyes del género musical. No por nada «Los productores» fue la obra que obtuvo el récord de 12 premios Tony en su primera temporada en los EE.UU. hace cuatro años.

Brooks
adaptó para la escena su propio libro para la película que en la Argentina se llamó «Con un fracaso, millonarios» (ganó el Oscar en 1969 en la Categoría «Mejor Guión Original»), y en esta traslación mejoró el producto original agregándole 16 canciones pegadizas. El puntal de este espectáculo sigue siendo el libreto, que aunque apela al lenguaje simple y directo de las comedias de situaciones, dispone de una trama sorpresiva y buenos apuntes sobre la fauna teatral y el azaroso show business.

La versión local respeta fielmente a la de Broadway, pero no es una copia. Esto quiere decir que el equipo técnico (escenografía, vestuario y luces) ha buscado otros caminos dentro de la línea estética ya pautada.

En cuanto a las actuaciones, los resultados ya no son tan parejos. Enrique Pinti (Max Bialystock) se mueve como pez en el agua en su papel de productor inescrupuloso y ex «rey de Broadway», pero a Guillermo Francella (Leo Bloom) se lo ve algo intimidado ante este desafío. A pesar de sus esfuerzos desafina y se mueve con torpeza, pero la solidez del libreto le permite disimular los tropezones y dar vida a un tímido contador, tierno y querible, que logra ganarse al público.

La obra parte de una idea tan desopilante como audaz: harto de perder plata, Bialystock convence a Bloom de unir esfuerzos para producir el peor musical de la historia con el fin de hacerlo fracasar y quedarse, mediante artilugios de porcentaje en relación a la inversión, con el dinero de los incautos que creen en ellos. La obra elegida es una disparatada biografía de Hitler, escrita por un filonazi y dirigida por el peor director de Broadway. Pese a todosestos recaudos el espectáculo es un éxito («Hasta le gustó a mis tíos/y le aseguro, son judíos», cantan Pinti y Francella).

Brooks
satirizaba la conocida tendencia de Broadway de trivializarlo todo y de convertir cualquier tema que se le ponga a tiro en un musical. Pero también se ríe del público que consume estos productos, de la arbitrariedad de los críticos y de la imposibilidad de encontrar una explicación para el éxito. Otro de los rasgos más sorprendentes de este musical es su estructura de cajas chinas. De una escena realista surge inesperadamente un cuadro musical para luego volver enseguida a la situación original.

Que todo esto funcione con gracia, dinamismo y el respaldo de un mecanismo de relojería es producto del trabajo de dirección ( compartido por Gerardo Gardelín, Carlos Olivieri, Chet Walter y Ricky Pashkus) y de la estupenda labor del resto del elenco, en especial Jorge Priano (el director gay Roger de Bris) y Pablo Sultani (el libretista nazi).

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