La fantasía shakespeariana transformada en bella música por Britten, y muy
bien materializada en escena. Una parte del público de Gran Abono, sin
embargo, desertó al concluir la primera parte.
«Sueño de una noche de verano» («A Midsummer Night's Dream»). Opera en tres actos. Mús.: B. Britten. Lib.: Britten y P. Pears. Dir. Mus.: A. Fagen. Régie: P. E. Fourny. Esc.y vest.: L. Désiré. Int.: F. di Falco, P. Coburn, J. Boyd, L. Garay, G. Oddone y otros. Orq. Est. (Teatro Colón). Próximas funciones: 30/6 y 2 y 4/7.
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"A Midsummer Night's Dream" («Sueño de una noche de verano»), ópera de Benjamín Britten basada en la comedia de William Shakespeare, es el cuarto título de la temporada del Colón. Dado que las últimas representaciones (y únicas en Buenos Aires) de esta ópera fueron en 1962, la producción que ahora se ve puede considerarse casi un estreno para el público.
La esencia literaria de esta obra nocturnal, plena de enredos y traspasada por un nada disimulado erotismo que gana a muchos de los personajes de la historia, humanos y fantásticos, sigue viva en la ópera. El compositor inglés, el más trascendente, quizás, del siglo XX en su país, elaboró una sutil trama orquestal dando preeminencia a la palabra cantada.
La ópera es bella en efectos tímbricos y amplio vocalismo, con un lenguaje muy personal que recurre tanto al atonalismo como al dodecafonismo y echa mano a procedimientos de la ópera tradicional. La actual coproducción con la Opera de Nice centra su acción en el escenario de un teatro. En él los sucesos se van desarrollado en un espacio múltiple (creado imaginativamente por Louis Désiré, al igual que su vestuario kitsch), presidido por una pila de butacas en medio de prados verdes.
El régisseur Paul-Emile Fourny dispuso una movilidad a la obra que no se detiene en toda su extensión. Aunque no se perciba el bosque, el espíritu nocturno de la comedia de Shakespeare está presente, y los cantantes fueron dirigidos como si fueran auténticos actores.
Artistas internacionales y argentinos compartieron un nivel de calidad muy elevada.
Espléndidos el contratenor Fabrice di Falco, la soprano estadounidense Pamela Coburn, el tenor Johnatan Boyd y el actor Gary Tushaw, este último en un carismático Puck, se fusionaron con la eficacia vocal y escénica de Luciano Garay, Graciela Oddone, Mariana Rewerski, Ricardo Cassinelli, Gustavo Gibert y los menos exigidos Alejandra Malvino y Luis Gaeta, al lado de un reparto que se completó con una excelente participación tanto en conjunto como en papeles pequeños del Coro de Niños. El director neoyorquino Arthur Fagen movió con exactitud los hilos de esta representación y sus planos sonoros.
Fue una pena que luego del intervalo (en la primera parte se unieron los actos I y II), se produjera un éxodo masivo en la platea del Gran Abono. Esta puesta constituye uno de los más logrados espectáculos del año.
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