"Un buen show no siempre debe contar una historia"

Espectáculos

Como miembro del equipo creativo del Cirque du Soleil, el iluminador Luc Lafortune conoce muy bien los resortes que mueven a esta prestigiosa compañía canadiense, una de las más imaginativas del espectáculo internacional. En su paso por Buenos Aires, donde participó como invitado estrella de las Jornadas de Luz y Sonido organizadas por la publicación «Tecnopolitan», Luc Lafortune concedió una entrevista exclusiva a Ambito Financiero. El iluminador habló de la meteórica carrera de la compañía así como de su peculiar sistema de producción.

El Cirque du Soleil se inició en el año 1982 como un grupo callejero, de apenas 8 miembros, que hacían teatro sobre zancos. Recién pudieron comprar su primera carpa en 1984, año en que se fundó oficialmente la compañía con el apoyo del gobierno de Québec, que les permitió participar de los festejos por el 450º aniversario del descubrimiento de Canadá.

Crecimiento

En 1987 se produjo su gran salto a nivel internacional cuando el grupo logró que se le adjudicara la apertura del Festival de Arte de los Angeles (donde también participaba Peter Brook con su famoso «Mahabharatha»). El éxito fue tan arrollador que, durante los dos años siguientes, estuvieron de gira por todo Estados Unidos.

Desde entonces, el
Cirque du Soleil ha seguido creciendo sin descanso y hoy mantiene en actividad siete compañías independientes que se reparten entre Europa, Asia y Estados Unidos, cada una con un show diferente. Lafortune dedicó parte de su seminario en Buenos Aires a explicar el complejo proceso creativo de «O» (título que alude fonéticamente a eau, agua en francés), el último y más audaz espectáculo de la compañía.

Este insumió una inversión de 23 millones de dólares y al igual que un par de shows anteriores, demandó la construcción de un teatro de uso exclusivo, ubicado dentro del lujoso Bellagio Resort de Las Vegas.

Este teatro, con capacidad para 1.800 espectadores, costó unos 62 millones de dólares y tiene por escenario una gran pileta de natación climatizada de 45 x 30 m y 8 m de profundidad.

Periodista: ¿Cuál es la idea de mantener siete shows diferentes en todo el mundo?

Luc Lafortune:
La compañía tiene otro criterio que el de los musicales como "Cats", por ejemplo que se hizo en todas partes del mundo. En nuestro caso cada show es único y se exhibe durante un tiempo limitado, inclusive los tours con espectáculos de carpa. «O» se estrenó en 1998 y va a continuar hasta 2008, y «La Nouba» que empezó ese mismo año, en Orlando (dentro de Disney World), seguirá hasta 2010. Pero una vez que esos espectáculos bajen no se repondrán nunca más.

Periodista: ¿Económicamente es más favorable?

L.L.: Sin duda, si a una de las compañías le llega a ir mal, eso no afectará a las demás. Lo único que se mantiene casi siempre igual es el equipo creativo. Desde 1984 yo me encargo del diseño de luces de todos los espectáculos, sin excepción.

P.: Los espectáculos del Cirque du Soleil están mucho más cerca de un teatro de imágenes surrealistas que del circo tradicional.

L.L.: Franco Dragone, nuestro director, proviene del teatro callejero. Le gusta el teatro pobre, sin recursos y que refleje cierta conciencia social. Sus rasgos principales son la pureza y la simplicidad y eso es lo que se aprecia también en la escenografía, el vestuario y la iluminación de sus espectáculos. Las imágenes de sus obras son como una galería de arte. Es como si mirara pinturas y dibujos, imágenes bellas que no tienen que ser interpretadas desde lo intelectual sino desde la emoción. Hay gente que trata de explicar lo que ve pero no encuentra palabras.

Argumento

P.: ¿Los espectáculos carecen de argumento?

L.L.: Esa es su gran fuerza. Muchos me piden: «Contame la historia del show». Bueno, no hay historia. Son sólo imágenes que apuntan al inconsciente colectivo. Como gente de teatro tenemos un importante bagaje cultural y eso a veces es peligroso porque nos puede hacer caer en actitudes pretenciosas. Franco siempre trata de evitar estas cosas. Insiste en dar sentido a lo que muestra pero sin bajar línea, sólo ofreciendo una estética.

P.: Usted habló de pureza y simplicidad pero el montaje de «O» resultó bastante complicado ¿no?

L.L.: Tuvimos que investigar mucho porque nunca habíamos trabajado con agua y podía ocurrir una catástrofe. Además queríamos tratarla como un elemento vivo, no como utilería. No queríamos hacer un típico show de Las Vegas con lanchas y ski acuático como pretendía el empresario americano que nos convocó. Queríamos un espectáculo mucho más sensible y abstracto y que el agua se convirtiera en un personaje más.

Para eso experimentamos durante tres años en una pileta mucho más chica (de 6 x 9 m) para resolver los miles de inconvenientes que se nos presentaban. En mi caso ni siquiera encontraba un artefacto de luz que me gustara. Cuando nos decidimos por una lámpara muy interesante que se había utilizado en el rastreo del Titanic, chocamos con las terribles normas de seguridad norteamericanas y no pudimos usarla. Buscando la manera de colorear el agua, pensé incluso en teñirla con alguna sustancia para poder iluminarla mejor.

Pero cuando le pregunté al jefe de acróbatas casi me mata: «¿Con lo peligroso que es el show encima vas a enturbiar el agua? ¿Cómo van a hacer los artistas para encontrar los tubos de oxígeno cuando se sumerjan?». El ballet acuático permanece bajo el agua durante muchos minutos y se ubica en distintas estaciones de oxígeno situadas a 8 metros de profundidad. En realidad, hay un backstage completo bajo el agua con 12 buzos-soporte controlándolo todo. Finalmente descubrí que para colorear el agua con luz simplemente hay que enfocar el punto de contacto entre el aire y el agua. Es impresionante, cuán poca luz se necesita para iluminarla.

P.: ¿Existe alguna posibilidad de que la compañía traiga alguno de sus espectáculos a Buenos Aires?

L.L.: Creo que en este momento no hay ningún productor que se anime a afrontar los altos costos que implica traer cualquiera de nuestros espectáculos. Pero no pierdo las esperanzas, porque esta ciudad me fascina.

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