17 de abril 2006 - 00:00
Un giro elocuente y enérgico en la obra de Cynthia Cohen
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Un fin a la pintura disciplinada: los nuevos trazos apasionados
de Cynthia Cohen, que expone en la galería Maman.
Aunque no son explícitas, se adivinan las connotaciones autobiográficas. La exposición se abre con una poderosa, bella y compleja figura femenina, una imagen triunfante y excesiva rodeada de mariposas, que se contrapone a la debilidad del hombre, representado con un suave dibujo al lápiz, técnica que contribuye a subrayar los rasgos sensibles y la actitud distendida.
En el resto de las obras, los animales hablan de la condición humana. El búho, símbolo de la sabiduría, expresa el estupor; dos pájaros parodian la capacidad de amar; un cerdo muestra su apetito indiscriminado, y un gran oso a todas luces vulnerable, parece el patético emblema de la debilidad. En medio de esta jungla, y casi al final de la muestra, figura un tigre sobre el que se superponen las típicas chorreaduras de pintura de Pollock.
Así, el «dripping», aparece como expresión, no sólo de admiración por el genio que cambió el destino del arte norteamericano, sino más que nada del riesgo, el dolor y la locura que implica ser artista. Como observa Renato Rita en el enigmático texto de catálogo: «La instancia que la obra sostiene, es la demoledora acechanza de la soledad que el instinto nos previene».
Con un enorme esfuerzo de producción y la incertidumbre que señala Rita sobrevolando toda la muestra, Cohen pone en vigencia la pintura expresiva, la trae de regreso como quien escucha los ecos de un viejo llamado. Con este fin se sirve de la imagen cibernética, pero logra subordinarla, y usa de un modo desvergonzado el color que, entre otras cuestiones, revela la intensidad de los estados emotivos. En suma, la angustia, el desasosiego, pero también la frivolidad y el cinismo, están presentes en una obra capaz de transmitir la inocultable sensación de plenitud que hoy embarga a la artista.

