Un fin a la pintura disciplinada: los nuevos trazos apasionados
de Cynthia Cohen, que expone en la galería Maman.
Las inmensas telas con colores restallantes que la hasta ayer disciplinada artista Cynthia Cohen pintó con arrebato en este último año se exhiben, desde hace unos días, en la galería Maman. Con estrategias tomadas de algunos momentos elocuentes de la más reciente historia de la imagen, Cohen, que vivió durante años en EE.UU., pero recién ahora le saca provecho al arte que pudo apreciar, le imprime un ritmo agitado a su nueva muestra.
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Sus pinturas traen reminiscencias de la energía de Jackson Pollock, y evoca el estilo de James Rosenquist o Jeff Koons, con las enormes dimensiones de sus cuadros y la fragmentación utilizada a modo de collage. Las influencias aparecen más como liberadoras de energía que como citas al arte de EE.UU., y la obra respira contemporaneidad, está impregnada de la persuasión de los carteles publicitarios, la gracia del diseño, la seductora de la iconografía de la moda y el desparpajo del comic.
Sin el propósito definido del homenaje o la cita, Cohen se sirve de lo que siempre tuvo a mano y no se atrevía a utilizar.
Sin embargo, el énfasis de las apasionadas pinturas actuales la acerca a los inicios de su carrera, al barroquismo de principios de los 90, cuando pintaba rosas gigantescas. Pero también la aleja, y radicalmente, de la helada monocromía de los lobbys que exhibió en su última muestra, de ese clima distanciado y funcional que imperaba entonces en su obra.
El cambio se liga a una inesperada expresividad, y el gesto ampuloso la separa de la actitud controlada que predominaba en su pintura anterior, el mismo que prevalece en el arte actual, frío por naturaleza en muchas ocasiones, ya sea por el uso y abuso de las nuevas tecnologías, por el interés en cuestiones de la razón (o conceptuales), o por el cinismo, desencanto e ironía que impera en los tiempos que corren.
El ímpetu de «Entrañablemente, Cynthia», título que señala el tono afectivo de la muestra, pone de vuelta a la artista en un escenario al que arriba luego de un trabajo duro y compulsivo. No es fácil partir de cero y menos aún, elaborarun discurso maximalista con una dosis de ingenuidad e innegable sinceridad. Las nuevas pinturas responden a un gesto espontáneo, dicho esto en el sentido de que parecieran tener vida propia y marcar el rumbo de las obras.
Aunque no son explícitas, se adivinan las connotaciones autobiográficas. La exposición se abre con una poderosa, bella y compleja figura femenina, una imagen triunfante y excesiva rodeada de mariposas, que se contrapone a la debilidad del hombre, representado con un suave dibujo al lápiz, técnica que contribuye a subrayar los rasgos sensibles y la actitud distendida.
En el resto de las obras, los animales hablan de la condición humana. El búho, símbolo de la sabiduría, expresa el estupor; dos pájaros parodian la capacidad de amar; un cerdo muestra su apetito indiscriminado, y un gran oso a todas luces vulnerable, parece el patético emblema de la debilidad. En medio de esta jungla, y casi al final de la muestra, figura un tigre sobre el que se superponen las típicas chorreaduras de pintura de Pollock.
Así, el «dripping», aparece como expresión, no sólo de admiración por el genio que cambió el destino del arte norteamericano, sino más que nada del riesgo, el dolor y la locura que implica ser artista. Como observa Renato Rita en el enigmático texto de catálogo: «La instancia que la obra sostiene, es la demoledora acechanza de la soledad que el instinto nos previene».
Con un enorme esfuerzo de producción y la incertidumbre que señala Rita sobrevolando toda la muestra, Cohen pone en vigencia la pintura expresiva, la trae de regreso como quien escucha los ecos de un viejo llamado. Con este fin se sirve de la imagen cibernética, pero logra subordinarla, y usa de un modo desvergonzado el color que, entre otras cuestiones, revela la intensidad de los estados emotivos. En suma, la angustia, el desasosiego, pero también la frivolidad y el cinismo, están presentes en una obra capaz de transmitir la inocultable sensación de plenitud que hoy embarga a la artista.
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