Lorena Ventimiglia en su taller de plástica y astrología, con sus obras «Sensibles» en las
paredes.
Desde la década del '90 prosperan en la Argentina algunas vertientes estilísticas intimistas, sensibles, poéticas, ornamentales y hasta conceptuales, que se alejan del arte que hoy se inspira en la política, la sociología, la antropología o el periodismo. La nueva galería Braga Menéndez surgió el año pasado afianzada las tendencias que se acercan a las viejas «bellas artes», con artistas liberados de toda obligación «militante». Y aunque nadie pueden permanecer ajeno al convulsionado mundo actual, las muestras que la galería inauguró la semana pasada, de León Ferrari, Cristina Schiavi y Lorena Ventimiglia, parecen confirmar definitivamente su estilo.
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Para comenzar, la exposición «Brillos y plumas», donde encontramos un Ferrari rejuvenecido, poético y juguetón, capaz de darle una vuelta de tuerca a su politizada obra, y de cargar con adornos de colores una serie de aviones que sobrevuelan la sala. Luego del escándalo que provocó a fines del año pasado con su muestra en el Centro Cultural Recoleta, su actitud resulta sorprendente. Pero el polémico vanguardista, a sus 84 años es capaz de dejar de lado su provocativo discurso de barricada, para demostrar que es un gran artista.
Con un gesto de humor le adosa plumas color rosa a sus avioncitos de juguete, y a esto se suman sus bellas palabras dibujadas, sus deliciosas « Rayas o carta a Dubuffet», sus grafismos y escrituras, y, sobre todo, un enigmático mapa lleno de islas y signos, que ostenta la impronta de su trazo y tituló «Buscando».
Con el diseño déco que prosperó en el Buenos Aires de los años '50 y que caracteriza su obra, Cristina Schiavi levanta una estructura de cartones coloreados en la sala de ingreso, que se extienden sobre el piso y las paredes a través de un ploteado, al igual que un plano arquitectónico a medio realizar. En la geometría de esas paredes se destacan sus «ojos», los peculiares círculos que ocupan el lugar de las ventanas. Schiavi convocó al fotógrafo Raúl Flores para que añadiera las imágenes de algunos animales, y a Luis Felipe Noé, entre otros autores, que con sus dibujos y pinturas poblaron su inmensa instalación. Así, la sensación que se lleva el espectador es la de haber recorrido una auténtica y de algún modo utópica ciudad erigida para -y por- los artistas.
Sobre la calle Humboldt, la galería posee una interesante vidriera que recién ahora con la instalación «Sensibles» de Lorena Ventimiglia, está utilizada como espacio público de alta visibilidad. «La paradoja», como aclara la artista, es que ocupó ese preciso lugar con la intención de recrear un «espacio íntimo»: su consultorio de astrología. Como un Xul Solar del nuevo siglo, Ventimiglia, que desde hace años transita por el mundo de la astrología y el esoterismo, trasladó a la galería sus libros, su escritorio y sus papeles para conformar un pequeño estudio.
En las paredes colgó sus «Sensibles», los retratos de unas especies de ositos o conejos de peluche que con gestos humanos -apenas esbozados pero a la vez reconocibles-, representan las diversas tipologías psico-astrológicas. Talentosa como retratista, la joven artista logra reunir ahora su doble vocación y así plasma en acuarelas los distintos caracteres (alegre, depresivo, perverso, inseguro, suave, humano) con inusual soltura, una notable economía de recursos y un dejo de ternura conmovedor.
Se trata de tres muestras que llevan la marca en el orillo de Florencia Braga Menéndez, quien en la triple función que asume como galerista, teórica y curadora, sostiene: «Creo que la curaduría es como la dirección orquestal, demanda calidad poética y talento, y que cada interpretación, si es buena, es personal, reconocible, y tiene la marca del sujeto. Tiende a la invisibilidad pero no es invisible. Por esto disfruto mucho con mi trabajo, aunque a algunos les irrite la idea de imponer un estilo».
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