Los únicos capaces de penetrar y manipular ese secreto, tras la muerte de la persona en cuestión, son los «Editores», profesionales del futuro que tienen como tarea realizar un «montaje» de esa vida en apenas una hora y media. Pero semejante tecnología violadora de la intimidad sólo tiene como objeto ofrecerles a familiares y deudos, en el velatorio, una proyección de los trozos selectos de la vida del difunto.
Si se tienen en cuenta los antecedentes célebres en esta materia, desde
En fin, si hace un esfuerzo para aceptar este dislate, al igual que algunas otras fallas de libro, el espectador puede dejarse arrastrar por una trama de apreciable tensión, que termina encontrando la forma de llevar al primer plano otro tipo de conflictos.
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