La actuación de la estupenda pareja de bailarinas Gloria y Eduardo es uno de los puntos más altos del nuevo show de Michelangelo.
«Espectáculo de tango». Con Sandra Cabal (voz), Daniel Olivera (voz), T. Farías (bandoneón), A. Prevignano (bandoneón), Carlos Marzán (piano, dir. musical), Gloria y Eduardo (coreografía, danza y dir. del ballet) y parejas de baile. (Michelangelo, todos los días.)
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El nuevo show del renacido Michelangelo fue pensado fundamentalmente para los turistas, por lo tanto, no puede escapar de algunos lugares comunes en la materia. Hay un recorrido -de estilo y de repertorio- por distintas etapas del tango, desde la guardia vieja hasta Piazzolla. Hay cuadros trabajados escenográficamente -el bar/pulpería, el prostíbulo-. Hay un vestuario que marca los estereotipos de cada tiempo -el compadrito, el gaucho en proceso de urbanización, las chicas «de familia», las prostitutas, el guapo, etc.- y se muestran las tres patas del género: la música, la danza y el canto. Pero tiene, en cambio, algunos aspectos que lo diferencian de este formato «for export» y que lo convierten en un show interesante, aún para argentinos. La orquesta -a veces un pequeño grupo; en otros casos, casi una típica-, dirigida por Carlos Marzán y con buenos músicos, se destaca con arreglos que dan cuenta de cada época y con una solidez que se mantiene a lo largo de todo el espectáculo.
Los bailarines -cuatro parejas jóvenes-, con coreografías y bajo la dirección de los consagrados Gloria y Eduardo, danzan un tango «de piso», sin revoleos de piernas ni acrobacias innecesarias. De todos modos, aunque las parejas -obviamente, formadas en academias- cumplen con lo requerido, con profesionalismo pero también con sensualidad, es imponente la diferencia que se marca cada vez que suben a escena los directores coreográficos.
Su historia con el baile rioplatense, sus horas «caminadas» en las milongas y también en los escenarios, los ponen varios escalones por encima del resto y los mantienen en el podio de los más destacados bailarines del tango de la actualidad. Mucho más floja, en cambio, es la tarea de los cantores.
Ni Sandra Cabal -de buen registro aunque con algunos problemas de afinación- ni Daniel Olivera -demasiado apegado a la fórmula del macho cantor- pueden ponerse a la altura de un show que puede ser disfrutado también por el público local.
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