13 de octubre 2000 - 00:00

Un Woody Allen maduro y con un actor brillante

«Dulcey melancólico» («Sweet and Lowdown», EE.UU., 1999). Dir.: W. Allen. Int.: SeanPenn, Samantha Morton, Uma Thurman, John Waters. acía tiempo que Woody HAllen nohacía una película donde él mismo no fuera el centro del universo (aun cuandopudiera estar interpretado por otro actor más joven como Kenneth Branagh).Así como en distintas etapas de su carrera, películas como «Dos extrañosamantes» o «Hannah y sus hermanas» marcaron cambios de estilo quesignarían todo un período de su filmografía, da la sensación de que esta sólida«Dulce y melancólico» también implica un cambio hacia un estilo que, sise potencia, puede abrir toda una nueva gama de posibilidades y variaciones másatractivas y menos repetitivas sobre las habituales obsesiones del autor de «Crímenesy pecados». El jazz, las mujeres, las manías incomprendidas y la divisiónentre el arte y su creador son algunos de los elementos que aparecendiseminados en esta biografía de un guitarrista de la década del '20 casi tanbueno como Django Reinhardt. Sólo que el persona-je que interpretabrillantemente Sean Penn nunca existió y Allen lo modeló parareflejar un comportamiento ruin hasta lo tragicómico que quizá funcione como unreflejo del mismo director, que aquí apenas aparece entrevistado como expertoen jazz. El soundtrack tiene momentos antológicos, que en su versión de DVDpara nuestro mercado está registrado ex profeso en Dolby digital monofónico (elcomediante está convencido de que el stereo distrae al público). El DVD tambiénincluye una interesante conferencia de prensa otorgada por Woody Allen enFrancia.

 

 

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