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22 de julio 2005 - 00:00

Una atractiva selección de obras de Polesello

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La Sala Cronopios se ha convertido en una fiesta visual, en el sentido que
Los pequeños grafismos en blanco y negro de fines de los '50 tienen su progresión en las grandes obras de este siglo XXI, cuyos ritmos se ven magnificados, distorsionados, refractados, a través de los célebres acrílicos tallados translúcidos de los '60 y '70 en los que la luz reverbera sobre la materia. Así sucede en
Algunos de estos cuadros ostentan formas arquitectónicas ondulantes a lo
Todos ellos han escrito textos especialmente para el catálogo en el que también se incluyen los de
En su primera muestra individual en Buenos Aires presenta alrededor de treinta obras realizadas en papel Hangi, que descubre en Corea, papel de morera que apoya sobre tela, con témpera, pastel al óleo, pastel graso. La primera mirada revela un dibujo delicado, color asordinado, una atmósfera casi transparente. Sin duda es un artista que ha buceado en saberes tántricos y taoístas, por eso todo parece fluir con naturalidad, un fluir armonioso, con sosiego pero a su vez reticente e inquietante.

Hay presencia de animales en actitudes humanas, árboles que se inclinan con la elasticidad de los humanos. De las figuras salen cordones umbilicales, la palma de una mano encierra una vagina, el corazón que «todo lo escucha» es una imagen recurrente, orejas que están unidas a él, ojos, casi como único rasgo en cabezas apenas esbozadas, una conmovedora interpretación del cuerpo humano a través de su pensamiento, por ejemplo, de la oreja la palabra confusión, del sexo, eternidad. Los cuerpos, las plumas, los corazones, aun los volcanes en erupción resunen levedad, fragilidad.

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