24 de abril 2002 - 00:00

"Una mafia nos ayudó a leer lo prohibido"

Wei Hui
Wei Hui
A los 29 años, con su novela «Shangai baby», la escritora china Wei Hui, que vino por la Feria del Libro, se volvió internacional. La censura del comunismo chino la ayudó, la hizo popular cuando mandó quemar la mitad de los 80 mil ejemplares impresos y clausuró la editorial que lo publicó, y los libreros atemorizados sacaron de la venta los 4 libros de cuentos que había escrito. Como en una caja china, «Shangai baby» trata de una periodista que decide escribir una novela que cuenta de la vida erótica de una tal Cocó, mezcla de Henry Miller y Cocó Chanel, atrapada en un triángulo amoroso donde no faltan ni las drogas ni la homosexualidad, saltando las barreras de los temas tabú para el mundo oriental que está bajo el autoritarismo.

Periodista: Cuando en su novela se declara a Henry Miller como maestro espiritual, ¿lo dice usted o su personaje?


Wei Hui:
Lo dicen ambas. A Henry Miller lo conocí en tiempos de la facultad a través de ediciones piratas que llegaban de Hong Kong, porque entre nosotros sus libros estaban prohibidos. Hoy se pueden encontrar sus obras, pero no en las versiones originales, porque la censura en China es muy rígida. Mi libro, «Shangai baby», cuando aún no estaba prohibido, sufrió una primera censura en la que le sacaron unas 20 mil palabras.

P.: ¿Qué censura el Estado en China?


W.H.:
La ideología, no puede haber nada en contra del Partido Comunista. Luego, el sexo. No es fácil ser escritora en China por la censura, un artista no puede crera con restricciones. Hoy hay mas apertura, pero, si mi libro hubiera sido publicado 20 años atrás, mi situación hubiera sido bien diferente.

P.: ¿Qué se lee en China?

W.H.: Los universitarios hoy tienen muchas más opciones porque consiguen muchas obras extranjeras traducidas. Por caso, todos los años en Francia hay premios importantes de literatura, y dos meses después se puede conseguir en su traducción al chino.

" Páis de piratas"

P.: ¿Publicados por editoriales chinas o en forma ilegal, sin pagar derechos de autor, o sea «piratas»?

W.H.:
China es un país de piratas. Luego de la prohibición de mi libros, mis obras se pueden encontrar en ediciones piratas. Afortunadamente de «Shangai baby» ya se vendieron en Japón 250 mil ejemplares, en Inglaterra 150 mil y es bestseller en Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia.

P.: ¿En que otros aspectos China es un país de «piratas»?


W.H.:
Muchos, especialmente en música, libros y películas. Yo compro en la calle copias de los discos de los Beatles o los Sex Pistols porque el gobierno no permite que esos discos sea editados en forma pública. Las películas de Hollywood, que pueden no haber llegado a la cartelera en los Estados Unidos, se pueden conseguir traducidas al chino en Hong Kong, porque ese negocio está controlado por la mafia hongkonesa. Además la censura en China para las películas extranjeras es terrible, la única manera de acceder a ellas es vía copias ilegales.

P.: En su novela cuenta del usos de drogas, de relaciones hetero y homosexuales y el único hombre chino es impotente. ¿Qué molestó más al Estado comunista?


W.H.:
Todo. El personaje impotente ofendió a muchos chinos, vieron en él un símbolo de que nuestra cultura está debilitada.

P.: ¿Cómo son sus 4 libros de cuentos, anteriores a la novela?


W.H.:
Habló de la vida y los valores de la generación joven, especialmente de la mujeres. Eran más académicos y por eso no se vendieron tan bien como «Shangai baby». Cuando el gobierno prohibió «Shangai baby» y clausuró la editorial que publicó mi novela, las librerías sacaron todas mis obras de los estantes.

P.: ¿Las mujeres en China pueden acceder a puestos directivos, ocupar un lugar en el
gobierno o son como en el Japón geishas?


W.H.:
¿Prostitutas? En China hay muchas. El comunismo y Mao cometieron muchos errores, por ejemplo la Revolución Cultural. Lo único bueno que hicieron es declarar que las mujeres son la mitad del cielo y deben recibir la misma remuneración que los hombres por el mismo trabajo. Desde 1969 las mujeres tuvieron más oportunidades de trabajar en el gobierno y desde 1980, al abrirse los mercados a empresas extranjeras, tuvieron más y mejores oportunidades. Hoy hay muchas que ganan más que los hombres.

Las mujeres más feministas

P.: La tradición china sumada al comunismo da la impresión de imponer un régimen fuertemente patriarcal...

W.H.:
Es cierto, muchas mujeres ocupan cargos públicos pero de menor importancia. Pero, luego de haber visitado París, Berlín, Nueva York, las mujeres de Shangai son las más feministas.

P.: ¿Las más feministas?


W.H.: Es una tradición, son las más inteligentes, las más poderosas. Son muy femeninas pero de corazón muy duro. Las mujeres más inteligentes no son las que hablan o se visten como hombres, son las sensuales en su apariencia y fuertes en su interior. En China creemos que la suavidad vence a la fuerza.

P.: ¿Y como viven eso los hombres de Shangai?


W.H.:
Trabajan, tienen fama de ser muy suaves, les lavan las bombachas y las medias a su mujer, hacen la comida. Gran parte de las esposas son inteligentes, sexys, trabajan en empresas del mercado exterior, ocupan cargos muy altos y ganan mucho dinero. Bueno, Shangai es una ciudad de mujeres.

P.: ¿Qué es lo próximo que piensa escribir?


W.H.:
Una novela sobre diferencias y conflictos entre cultura occidental y cultura oriental y los conflictos entre hombres y mujeres. En ella voy a poner algunos hechos que presencié, por ejemplo, en Nueva York viví la dura experiencia de lo que ocurrió el 11 de setiembre. Nueva York es uno de las pocas ciudades que pude conocer, en el resto que visité mi tiempo estuvo ocupado por entrevistas y presentaciones de mi libro.

P.: ¿Qué escritores le gustan?


W.H.:
Borges, que es uno de los ídolos literarios de la nueva generación china.

P.: ¿Cómo lo conocen?

W.H.:
Obvio, por traducciones pirata (Ríe). Si bien lo admiro, en mi obra no tuvo influencia el autor de «El Aleph». Antes me importaban novelistas norteamericanos y franceses, y tenía gran influencia de la cultura occidental por las películas, usaba eso para atacar a la cultura oriental que para mi está en proceso de decadencia, ahora he vuelto a la sabiduría que nos ofrece la antigua filosofía china de Lao Tse y Confucio.

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