17 de mayo 2007 - 00:00

Una meritoria producción "off" de la ópera "Adriana Lecouvreur"

Adelaida Negri es la convincente Adriana de la más que digna versión de la óperade Francesco Cilea que estrenó la Casa de la Opera de Buenos Aires en el TeatroAvenida.
Adelaida Negri es la convincente Adriana de la más que digna versión de la ópera de Francesco Cilea que estrenó la Casa de la Opera de Buenos Aires en el Teatro Avenida.
«Adriana Lecouvreur». Opera en cuatro actos. Mús.: F. Cilea. Lib.: A. Colautti. Dir. mus.: G. Paganini. Coro de Hurlingham. Dir.: D.A. Pérez. Esc. y régie: A. Atías. Vest.: M. Daga. Luces: E. Bechara. (Teatro Avenida. Repite: 18 y 20/5.

La Casa de la Opera de Buenos Aires comenzó su temporada anual con la ópera de Francesco Cilea, «Adriana Lecouvreur», un título de gran presencia en los teatros italianos pero menos escuchado fuera de Italia. La obra se puede enrolar dentro de la «Nueva Escuela Verista» aunque por sus características argumentales y el refinamiento de su construcción se diferencia bastante de otros productos de esa corriente. En «Adriana Lecouvreur» no hay explosión sonora ni violencia exasperante, en cambio se aprecia en todo su desarrollo una fina instrumentación, bellas melodías y una atmósfera elegante.

Adelaida Negri, soprano de notable trayectoria nacional e internacional, genera sus propios proyectos operísticos a través de la Casa de la Opera de Buenos Aires, institución que creó y dirige, y como es lógico se reserva el rol principal. Desde allí aporta al llamado «off» operístico trabajos sólidos en calidad y producción. Así ocurre con esta puesta de «Adriana Lecouvreur». Con la concertación y dirección de Giorgio Paganini, la orquesta de institución exhibe una labor de extremado cuidado formal. Uno de los rasgos salientes del trabajo de Paganini es su inmersión en el estilo de esta ópera, que no sólo se evidencia en los instrumentistas sino también en cada uno de los cantantes que participan.

La puesta en escena de Alejandro Atías, autor además de una bella escenografía, posee la dinámica adecuada y resulta siempre imaginativa, lo mismo que vestuario y luces. Si hubo economía de recursos escénicos, el espectador no lo nota. Atías puso orden en el caótico primer acto en los camarines de la Comédie Française y un logrado clima poético en el acto final. En el elenco de cantantes sobresalen la madurez y el aplomo de Adelaida Negri, quien da convicción a su Adriana. A su lado, Marina Biasotti no desentona en una performance de sólido canto (La Princesa es un rol para mezzo que Biasotti asume con gran vocalismo siendo soprano). y adecuada actuación teatral. En el otro extremo, el tenor Rodrigo Mora muestra cierta inmadurez aunque maneja con inteligencia sus recursos vocales; canta y actúa muy bien su Michonnet el barítono Leonardo López Linares, lo mismo que Eduardo Ayas (Príncipe) y Claudio Rotella (el Abad). Bien el Coro de Hurlingham dirigido por Diego Pérez y el Ballet Neoclásico de Buenos Aires, con una sutil coreografía de Guido De Benedetti para el mitológico intermedio de danza del tercer acto, «El Juicio de París».

Dejá tu comentario

Te puede interesar