3 de abril 2008 - 00:00

Una Milán con ecos de Antonioni

En «Como la sombra», Marina Spada (premio compartido a la dirección en Mardel Plata 2007) dibuja un cuadro de soledades y problemas de comunicación enuna Milán seca y vacía, amada y expulsora.
En «Como la sombra», Marina Spada (premio compartido a la dirección en Mar del Plata 2007) dibuja un cuadro de soledades y problemas de comunicación en una Milán seca y vacía, amada y expulsora.
«Como la sombra» (Come l'ombra, Italia, 2007, habl. en italiano). Guión y dir.: M. Spada; Int.: A. Kravos, K. Porcari, P. Pierobon.

La empleada de una agencia de viajes, mujer agradable aunque apagada, se enamora de su profesor de ruso, un ucraniano atendible, beneficiado además por los espíritus melancólicos de la lejanía, la literatura, y el origen de las palabras. La relación que paulatinamente desarrollan le permite al hombre, un buen día, pedir a su alumna bien predispuesta un favor especial. El debe ausentarse, ¿podría ella cobijar por unos días a una parienta que viene de Kiev? No es el favor que la otra pensaba, pero así están las cosas. La otra viene, fascinada con Italia, y pronto ambas mujeres se hacen gustosamente amigas.

Entonces, la otra también se va. Más bien desaparece, dejando sus pertenencias. ¿Pero a dónde se va? Y, puestos a escarbar, ¿quién era, realmente?

La historia sucede en Milan, esa ciudad que Michelangelo Antonioni, su hijo, describiera años atrás y para siempre con amargura, malhumor, y cariño, y con una puesta en escena pausada, parsimoniosa, compleja. De estilo similar, aunque menos despacioso, Marina Spada, la directora de «Como la sombra», no le copia. Simplemente lo sigue, o acaso continúa la mirada, y la forma de descripción, propia de los milaneses que ambos cineastas representaron, y que el maestro supo estilizar. Acaso, cuanto mucho, el movimiento de cámara del comienzo, bastante parecido a otro de «La noche», pueda tomarse como el homenaje de una discípula indirecta.

Por ahí dicen, también, que esta películatermina donde empieza «La aventura»: con la desaparición de una mujer. En verdad, termina de otra forma, más singular, y es con la decisión de una mujer. Decisión inesperada para nosotros, aunque apropiada al tipo de relato que desarrolla la autora, Marina Spada, un cuadro de soledades, problemas de incomunicación, misterios del alma, pintado con silencios, gestos discretos, sugerencias apenas, detalles al fondo del encuadre, que se van sucediendo, como la propia búsqueda que la mujer hace de sí misma y de sus conocidos, a lo largo de una ciudad seca y vacía, amada y expulsora.

Segunda película de su autora (y primera que logra estrenar en su país), le permitió a Spada, que no vino, ganar el premio a la mejor dirección en el Festival de Mar del Plata 2007, premio que debió compartir con otro competidor, pero se lo merecía ella sola.

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