24 de noviembre 2004 - 00:00

Una novela de las de antes

Todo cuanto amé
"Todo cuanto amé"
Siri Hustvedt «Todo cuanto amé» ( Barcelona, Anagrama, 2004, 455 págs.)

Esta es una novela como las de antes, rica en ideas y en experiencias de vida, con una minuciosa recreación del circuito de arte neoyorkino (de los años '70 hasta la actualidad) y cinco personajes principales cuyas existencias son expuestas a través del tiempo con toda su complejidad y carga emotiva. Con este nuevo título, la escritora Siri Hustvedt (1955), da cuenta de la madurez alcanzada en su narrativa.

Nacida en el medio oeste americano de padres noruegos y desde hace varios años residente en Nueva York ( junto a su esposo, el escritor Paul Auster) Hustvedt ha publicado anteriormente dos novelas y un libro de ensayos que de alguna manera ya prefiguraban la ambiciosa factura de este nuevo libro.

Los protagonistas de «Todo cuanto amé» reflexionan intensamente sobre la cultura y el arte contemporáneos, pero también sufren, se enamoran, crían a sus hijos, critican a la sociedad en que viven y enfrentan como pueden situaciones terriblemente traumáticas ligadas a la muerte, la locura o a la insondable presencia del mal.

El crítico e historiador de arte Leo Hertzberg es el encargado de narrar el rico periplo de dos familias: la propia y la de su amigo Bill Wechsler, un talentoso artista plástico que él mismo contribuyó a lanzar al mercado allá por 1975. Durante veinticinco años (la novela finaliza en agosto de 2000) Leo y Bill comparten una fuerte alianza que incluye a sus respectivas mujeres -una poeta, una especialista en literatura y una historiadora ocupada en investigar transtornos psicológicos- y a sus hijos. A través de todos estos personajes la autora va exhibiendo sus amplios conocimientos sobre arte, literatura y psicoanálisis y se da el gusto de incluir poemas, cartas y ensayos científicos impecablemente escritos. Pero nada es gratuito en su prosa y cada tema y reflexión están íntimamente entrelazados con los diversos avatares de sus protagonistas. El único detalle en contra son las extensas parrafadas describiendo los cuadros e instalaciones de Bill; pero fuera de este desliz la trama resulta cada vez más cautivante, sobre todo a partir de la segunda parte cuando el hijo del pintor se transforma en un adolescente demasiado conflictivo. De ahí en más la saga familiar va tomando la apariencia de un perturbador thriller psicológico con siniestras implicancias en el mercado del arte, al que la autora se ocupa de criticar duramente por distintas razones. «Todo cuanto amé»

indaga en los misterios del amor y la paternidad y en las dificultades de encontrarle algún sentido al desquiciado mundo de hoy. Hustvedt deja que sus personajes se entreguen a su propio caos o salgan a flote de las más terribles pérdidas con algo más de humildad y sabiduría. Ambas opciones son igualmente conmovedoras, pero dejan un inevitable regusto amargo.

Patricia Espinosa

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