30 de abril 2001 - 00:00

Una "orquesta" que busca la risa donde no la debe haber

Orquesta de señoritas.
"Orquesta de señoritas".
Las heroínas de algunas de sus obras menores, como Eurídice, Colomba o La Salvaje, tienen todas un rasgo en común. Como la protagonista de «Vestir al desnudo», de Pirandello, de quien el autor francés se considera heredero, son mujeres «humilladas y ofendidas», víctimas de la pobreza, obligadas a degradarse, que sólo aspiran a «vestirse con un vestido decente» para que el mundo las acepte.

Patetismo

En «Orquesta de señoritas», Anouilh retrata la patética existencia de varias mujeres que se ganan la vida tocando para un público indiferente en un local de medio pelo. Los celos, las rivalidades, las confidencias, van revelando la mediocridad de sus vidas sin brillo ni alegría. Anouilh es capaz de describir con un detalle la degradación más absoluta, con una piedad conmovedora. Como lo hace en «La salvaje», cuando la protagonista se avergüenza de sus medias corridas.

Siempre hay alguien ante quien las desdichadas se some-ten. En el caso de «Orquesta de señoritas», es la directora del grupo, una mujer despótica, que a su vez es sometida por el empleador. No importa lo que pase, ellas deben estar listas para mostrar alegría y seguir tocando para ganarse sus miserables sueldos. Manuel González Gil ha optado por la parodia. Como en ocasiones anteriores, los papeles son interpretados por hombres. Y en esta ocasión, el director se ha inclinado por la caricatura en la marcación de algunos personajes. Como en el caso de Gabriel Goity, que compone a la directora con trazos gruesos y hablando en una jerga incomprensible.

Más que la piedad, se ha buscado la risa, y el resultado no cierra. La muerte de la desdichada protagonista rehúsa la carcajada. Y la actuación de Gustavo Garzón, que aunque desmesurada, destaca el patetismo, se impone sobre la vulgaridad con que se han resuelto otras situaciones.

La dirección parece haber dejado a los actores librados a sus propios medios, y el que ostenta más seguridad es Jean Francois Casanovas, que con innegable oficio compone a la mujer que supuestamente se sacrifica por su hija, lo que no le impide entregarse a sucesivas aventuras.

La adaptación de
González Gil ha trasladado la acción a la confitería El Olmo, pero sin recrear su ambiente.

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