3 de abril 2001 - 00:00

Una versión de genio, y con el gran Rostropovich

Lady Macbeth de Mtsensk.
"Lady Macbeth de Mtsensk".
«Lady Macbeth de Mtsensk», de Dimitri Shostakovich. Con S. Dobronravova, C. Ventris, V. Gilmanov, L. Komov, L. Kasachenko y otros. Equipo: T. Egurza, L. Lojódice, R. Schussheim y R. Traferri. Regie: S. Renán. Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Dirección: M. Rostropovich. (30/3, Gran Abono, Teatro Colón.)


Segundo elenco: S. Savina, O. Videman, A. Antonov, L. Ludha, S. Rossiiskaia, I. Nowikova, V. Gilmanov, S. Raitchev y otros. (31/3, Función Benéfica). Próximas representaciones: Hoy, miércoles 4, viernes 6 y sábado 7, todas a las 20.30.

Esta ópera, con su original dispositivo escénico, es una genialidad: hay que decirlo desde el principio y disfrutar de la aceptación, sin reparos en las dos primeras funciones, en la que el público fue reconocido con sus ovaciones cuando sale del asombro. Ahora sí que estamos en el Tercer Milenio, y resaltar las obras perdurables del siglo XX es una de las tareas imprescindibles, con el aporte conseguido sobre la base de tecnología e ideas renovadoras. Tranquiliza el espíritu comprobar que todavía no está todo dicho ni hecho.

Esta producción «multimedia» está orientada a resaltar el drama, crea sugestivas atmósferas, los referentes visuales son símbolos semióticos vinculantes (los muros, nubes evanescentes, el fuego y la luz fría e inmaculadamente blanca del final). Sin abusar, se le ofrece al espectador inmensos primeros planos de la gestualidad de sus protagonistas; la orquesta en pleno más una treintena de músicos con instrumentos de metal, siguieron la batuta de un gigantesco Rostropovich, en una imagen impresionante.

La utilización de todo el espacio escénico (como enseñó Peter Brook) aquí es una realidad concreta, enriquecida con la orquesta en el centro de la escena. ¿Hay movimiento más plástico que ver a los músicos tocando? Y como Shostakovich es proveedor de sonidos no convencionales, en verlos está la didáctica; el xilofón, los armónicos de arpa o el clarinete bajo (no confundir con el saxofón) afrontan sus matices todavía extraños para oídos sin lubricar.

Y la Orquesta Estable de nuestro primer coliseo rinde maravillosamente cuando tiene como conductor a un músico de sabiduría indiscutible e intensa personalidad como el gran Rostropovich; lo mismo ocurre con el Coro Estable, pulido por la maestría de Vittorio Sicuri.

El experimentado elenco de cantantes rusos no tiene fisuras; impresionaron especialmente los bajos Valery Gilmanov y Andrei Antonov haciendo al imperativo Boris Ismailov, así como Fyodor Kutznetsov como el pícaro Pope. Voces grandes y bien timbradas en los protagónicos, elegidos por Galina Vishnevskaya, célebre soprano del Bolshoi y esposa de Rostropovich.

Sergio Renán resume aquí su experiencia teatral y cinematográfica de una vida; Rostropovich paga su deuda con Shostakovich y agiganta la figura de ambos, y el Colón supera sus avatares para seguir adelante.

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