"Una vida en secreto"

Espectáculos

«Una vida en secreto» (Uma vida em segredo, Brasil, 2001, habl. en portugués). Guión y dir.: S. Amaral, sobre texto de A. Dourado. Int.: S. Greve, E. Giardini, C. Amaral, N. Borges, E. Nowinsky.

Esta historia transcurre hace un siglo atrás, en un pueblo del interior brasileño.Hasta ahí, a su casa, don Conrado, brusco pero atento hombre de negocios, trae a su prima Gabriela, comúnmente llamada Biela, flacucha insulsa, vergonzosa, de 17 años, que ha quedado huérfana. Criada monte adentro, sensible, inteligente a su manera, pero ignorante de muchas cosas, Biela no sabe ni caminar como la gente (es esa clase de chica que «nunca conoció cuero en las patas», y sufre con los zapatos). Su madre murió cuando ella era niña, y el padre, hombre de campo, la crió como al descuido. Calidez de hogar, solo vio entre el personal de servicio. De ahí que sea torpe en la sala de estar, aunque tenga dinero, porque heredó una finca, pero en cambio se siente a gusto con las criadas, en las tareas de cocina y limpieza.

Conrado y su mujer, doña Constanza, no quieren que nadie diga que viven a costillas de una tonta con plata que ni sabe cuánto es dos más dos, ni le interesa. Por eso Constanza trata de educar a la prima del campo, inculcarle el gusto por el buen vestir y las labores «propias de señorita», alejarla de la peonada, y hasta conseguirle un novio un poquito más despierto que ella, lástima que después resulte vago y mala persona. La otra se deja llevar, con suave resignación. Parece que al fin la están civilizando un poco. Pero, llegado el momento, la gola que le aprieta el cuello resulta apenas el primer símbolo de incomodidad ciudadana que se saca de encima, antes de tomar, al fin, sus propias decisiones. «Cada uno elige el mundo en que quiere vivir», se resigna Constanza. «Tienes razón. Cada uno monta su caballo como quiere. O como puede», completa el marido.

Esta no es una comedia, aunque tenga sustancia para ello, y tampoco termina ahí. La segunda parte nos muestra una Biela bastante feliz, que hace su vida simple y segura de sí misma entre la gente que quiere, pero no todo será un camino de rosas. Quizás el desenlace, un poco triste, resulte inútil para el gusto actual, cuando el cine nos impone heroínas no sólo inteligentes, sino también dominantes e indestructibles. Biela, en cambio, es una de esas pobrecitas almas que nadie mira, que apenas ocupan unas páginas de Balzac, algún film de Rohmer, o unas líneas de Lugones. El venerable Autran Dourado, premio Camoens de las letras portuguesas, le dedicó un libro. Suzana Amaral, de 69 años al momento del rodaje, lo llevó al cine en forma delicada, suave, leal y riesgosamente calma (ya hizo antes la historia de otra chica apocada, «A hora da Estrela», sobre libro de Clarise Lispector). Y la rubia Sabrina Greve, que en la vida real es preciosa, lo encarna de un modo ricamente expresivo, pareciendo primero desabrida, y luego, de a poco, casi linda. Si nos pareciera linda del todo sería una película hollywoodense.

P.S.

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