5 de diciembre 2001 - 00:00

Unas crónicas de exilio que eluden la amargura

Unas crónicas de exilio que eluden la amargura
(05/11/01) Carlos Ulanovsky, «Seamos felices mientras estamos aquí; Crónicas de exilio» (Buenos Aires: Sudamericna, 2001).

La tapa de este libro se centra en la figura de una cerámica artesanal mexicana: un girasol con un par de ojos asombrados, una naricita apenas insinuada y los labios esbozando una sonrisa ingenua. En la base está grabada la frase del título que sugiere conformidad cuando la suerte está echada y el camino del destierro es el único posible. Lo fue para Ulanovsky entre l974 y l983, salvo un lapso de retorno entre l975 y l977. Fue, como él mismo dice, un exiliado del miedo.
 
Parecido a otras crónicas del exilio, este libro es diferente en varios aspectos. Hubo una primera versión, de fines de l983, y ahora toda aquella materia se ha completado y reelaborado. Cada capítulo se subdivide en dos segmentos temporales y espaciales: México, l982; Buenos Aires, 200l. Este tratamiento desdobla las perspectivas sobre un mismo episodio, establece distancias y atenúa una experiencia que debió ser desgarradora.

Comparaciones

Ulanovsky habla de la manía argentina de comparar, aunque suponemos que no ignora que es propia de todos los destierros. El exiliado vive entre dos mundos, el que dejó y es suyo para siempre, y el nuevo mundo que va descubriendo para adaptarse a él o para rechazarlo. En su caso, se ha situado en el plano de lo familiar y cotidiano, y dentro de la red de amigos argentinos que constituyen una suerte de gheto amistoso en donde se comparten las experiencias de lo nuevo en materia de costumbres, modalidades, artesanías y lenguajes.
 
Para un argentino exiliado en América es duro descubrir que aunque la patria común es la lengua, hay tantas hablas como regiones del español y, en algunos casos, las diferencias parecen pesar más que las semejanzas. Así el exiliado un día descubre que está hablando en «argenmex», que no es ni argentino ni mexicano.

Sin embargo, se siguen esperando con ansiedad las cartas, se comparten las noticias de la patria lejana y, con sentimientos encontrados, se vive el campeonato de fútbol de l978 o la guerra de las Malvinas de l982. Y, sobre todo, se piensa en el retorno que es el sueño común de todos los exiliados, y se teme a la muerte en tierra ajena.
 
Todo esto se parece al testimonio de otros exilios, pero se diferencia porque el grado de integración de los argentinos, y particularmente de los niños, con lo mexicano, parece haber sido mayor y más sólido. Los que vuelven se sienten a disgusto con lo que encuentran: ellos han cambiado y ha cambiado el lugar de retorno. Sin embargo, traen costumbres, comidas y lenguaje que atestigua aquel grado superior de integración. En esto el exilio de los argentinos en México se diferencia del de los españoles de la guerra civil. Escrito sin amargura y sin resentimiento, en un tono tierno y a veces irónico, este libro de
Ulanovsky no es sólo un documento colectivo de aquellos años dolorosos, sino un testimonio personal en el que cada anécdota se profundiza y se revive de modo sustantivo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar