27 de noviembre 2001 - 00:00

Urlezaga brilla en todo estilo

Iñaki Urlezaga
Iñaki Urlezaga
(27/11/2001) «Iñaki baila». Actualización de I. Urlezaga. Dir.: L. Giovine y E. Agoglia. Bailarina invitada: R. Márquez. Programa: «Don Quijote», suite de L. Gio-vine sobre música de Minkus; «Bolero», de Ravel, versión coreogr.: M.A. Elías, y «Apolo y sus tías», música de Offenbach y coreogr. de O. Aráiz. (Luna Park.)

En sus recientes presentaciones en el Luna Park, Iñaki Urlezaga asumió la mayor responsabilidad del espectáculo, interpretando los roles centrales de las tres obras programadas. Esto habla de su poder de adaptación a distintos estilos de danza, ya que pasó del academicismo de Petipa a la danza contemporánea trascendente y fogosa de Elías y también a la intrascendente y humorística de Aráiz, poniendo de manifiesto una curva expresiva muy interesante que se aúna a una plenitud física y de rigor técnico que lo definen como un artista completo.
 
«Don Quijote» exigió a Urlezaga no sólo rapidez de reflejos sino también impecable preparación actoral para conjugar un rol que brilla por su picardía hispana mezclada con una danza clásica de la más pura tradición. Iñaki lo logró haciendo gala de un amplísimo vocabulario dancístico coronado con espectaculares saltos que quitaron el aliento al público masivo del Luna. Lo acompañó aquí la simpática bailarina brasileña Roberta Márquez, que formó con él una pareja magnífica.
 
La compañía
Ballet Concierto aportó disciplina, en la conformación de un entorno ruidoso y colorido.
 
La segunda parte traería lo mejor del espectáculo, una visión personal del
«Bolero» de Ravel debida al talento coreográfico de Elías, quien trabajó con un depurado lenguaje contemporáneo y con total prescindencia de lo anecdótico, una creación que se ha caracterizado por la «españolada» for export, exceptuando, claro, la paradigmática y aún insuperada creación de Maurice Béjart.
 

El ballet humorístico, suavemente melancólico y agriamente satírico, tuvo en «Apolo y sus tías» un buen exponente. Rodeado por un intenso y vertiginoso grupo de bailarinas, Iñaki fue protagonista absoluto de un cosmos gobernado por mu-jeres ansiosas de pasión. El bailarín creó un ser vulnerable y levemente romántico, combinando hábilmente lo pícaro con lo naïf. La música de Offenbach de «Apolo y sus tías», como la del resto del espectáculo, se oyó mediante grabaciones que, por su calidad, no restaron brillo a esta presentación del bailarín argentino.

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