«3000 millas al infierno» («3000 Miles to Graceland», EE.UU., 2001, habl. en inglés) Dir.: D.Lichenstein. Int.: K.Costner, K.Russell, C.Cox, Ch.Slater, D.Arquette, Ice T.
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Los fans del cine de acción seguramente disfrutarán de la primera media hora de este típico proyecto clase B inflado y arruinado por un exceso de producción, escenas que sobran, explosiones de más y actores totalmente fuera de papel. La trama presenta a un grupo de delincuentes malísimos disfrazados de Elvis, decididos a robar un casino donde se celebra una convención de imitadores del Rey. Entre coristas, neones, vestuarios kitsch y clásicos del rock el salvaje tiroteo con el que llevan a cabo el atraco ayuda a que las cosas empiecen con muy buen ritmo, más allá del sinsentido de toda la situación.
Lamentablemente, a medida que avanza la hora y media de película que falta, el sinsentido sigue pero el ritmo y la acción decaen, por momentos en forma preocupante. Los delincuentes se traicionan, uno huye con una bella mujer y su hijo cleptómano y los persigue la policía sin que el guión eche a mano a ninguna idea muy novedosa ni emocionante.
El director Demian Lichenstein es un veterano del video musical, y por momentos parece que hubiera encarado toda esta película como una sucesión de clips, lo que no ayuda mucho a darle cohesión a su ópera prima, aunque por lo menos sirve para que siempre aparezca algún efectismo visual para mantener la atención del espectador.
Los recursos no son muy sutiles, pero nadie podría buscar sutileza en una película donde Kevin Costner imita a Elvis y pone cara de malo mientras le tira el humo de su cigarrillo en la cara al resto de los personajes. Courtney Cox y, sobre todo, Kurt Russell -que hizo de Elvis en serio en un viejo telefilm de John Carpenter-ayudan a mejorar el nivel, y en el interesante elenco hay actores que brillan momentáneamente, lástima que en general se mueren demasiado rápido como para equilibrar las cosas debidamente.
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