19 de marzo 2004 - 00:00

Valiosa muestra de De Marziani

En el Centro Cultural Borges se exhibe una muestra antológica de Hugo De Marziani, integrada por 84 cuadros y que abarca un período de 30 años que revela el carácter investigativo de este artista con importantes premios que avalan su trayectoria. Es aconsejable ir hacia el final de la sala para comenzar un recorrido por las diferentes décadas en la que están agrupadas las obras.

La temática de De Marziani es el paisaje, título de todas sus obras a lo largo del tiempo, y según relata el artista, al comienzo aparece fragmentado porque así lo veía desde el auto en sus continuos viajes a la costa bonaerense. Por eso las ventanas o el cuadro dentro del cuadro, la superficie cubierta por una pincelada asociada a la noción de pasto, de densos verdes y amarillos, varios horizontes, un juego óptico, «espacios equívocos o ambiguos», algún cielo azul, en fin, una naturaleza que es pura ficción. Más adelante complicará esa fragmentación que aparece más desbordada pero siempre se encuentra una horizontal o lo que el artista define como una forma paraguas que la contiene.

El azul intenso de nuestros cielos se volverá más suave en algunas obras en papel, influencia del cielo y la pintura italianos, ya que de Marziani se radicó en Milán durante un tiempo. En los '80, otro viaje modifica su visión. Desaparecen los cielos, las formas son totémicas, la pincelada se aprieta en trazos más finos, la composición es pétrea. Es que el artista queda deslumbrado por la grandiosidad de Macchu Picchu. Y aunque domina la combinación de verdes y amarillos, hay un negro que las convierte en ominosas.

Hacia el '87, las formas geométricas austeras se enriquecen con tonos más cálidos, las pinceladas se fusionan y toda la superficie ofrece un registro cromático de mayor intensidad Llegamos así a comienzos de los 9'0 y el artista vuelve a la austeridad en lo cromático y en las formas despojadas. Su pincelada a la Seurat, por explicarlo de algún modo, se convierte en una trama muy ceñida y la geometría, transparente, difusa, logra desmaterializar la imagen que parece flotar en el espacio.

No hay duda de que De Marziani intenta llegar hasta el fondo, despojándose de toda referencia, concentrándose en lograr lo que hoy suena utópico, la pintura en estado puro. Es que está fascinado por el rigor de la pintura, no en balde se alimentó del cubismo y el constructivismo. En sus últimos cuadros de fines de los '90 y comienzos de 2000, vuelve a la línea, al dibujo de trazos esquemáticos, una levedad dada también por el color acuarelado, luminoso.

Al final del recorrido, es decir, al ingresar a la sala, hay tres acuarelas que revelan a un De Marziani capaz de dejarse llevar por lo imprevisto de esa riesgosa disciplina. Se confirma, una vez más, su capacidad expresiva, su constante indagación en un campo que está lejos de considerar agotado y en el que aún encuentra el placer de los colores y de las formas. Clausura el 28 de marzo.

• Emma Calviño

La obra plástica de Emma Calviño está íntimamente ligada a la poesía. Recordamos sus libros de artista «A Federico (Homenaje a García Lorca)», presentado en la feria Estampa 2000 de Madrid, y «Mujeres» (2002) en el que rinde homenaje a Rosalía de Castro, Marguerite Yourcenar, Violeta Parra y Alejandra Pizarnik cuya lectura influyó tanto en su vida como en su quehacer artístico. Se trataba de fotos intervenidas, pasadas a fotograbado sobre papel de algodón hecho a mano, matérico para que pudiera gofrarse.

En su actual muestra en el Centro Cultural Borges, apela a la fotografía intervenida, algunas resueltas digitalmente, otras con técnicas de serigrafía con sobreimpresión en fotopolímero (placas sensible cuyo resultado final puede compararse con el aguafuerte). Pero esta explicación técnica debe olvidarse cuando se miran las imágenes de carácter autobiográfico, porque en esta ocasión, la artista habla de momentos fugaces de su infancia, de sus miedos y de la búsqueda de protección. Por eso la sombrilla como objeto recurrente. Una muestra evocativa, íntima, para rescatar el silencio, para volverse sobre uno mismo, como cuando se lee poesía. Cierra el 28 de marzo.

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