27 de marzo 2014 - 00:14
Volver a las tribulaciones de la clase media en los 60
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Jorge Graciosi, director de la nueva versión del clásico contemporáneo “Nuestro fin de semana”, de Roberto Cossa.
J.G.: Sí, Cossa siempre fue un observador muy sensible. Yo le escuché decir muchas veces que "el dramaturgo es testigo del momento que le tocó vivir".
P.: ¿La obra tiene que suceder inevitablemente en los '60?
J.G.: Sí. No se puede sacar de contexto. Piense que esta clase media porteña es producto de su época. Estaba necesitada de cambios, pero no se sentía capaz de instrumentarlos. Finalizaba el gobierno de Arturo Frondizi; estaba muy cerca la Revolución del '55 que había derrocado y proscripto al peronismo; los intelectuales miraban con simpatía a la Revolución Cubana; en la juventud se percibía una gran insatisfacción y la situación de la mujer era de mucho sometimiento, se la reducía al papel de ama de casa. Ni se hablaba de que trabajara afuera. Yo quise destacar este tema del sometimiento.
P.: Cossa presenta a la mujer del protagonista como una esposa leal, paciente y conciliadora, más que sometida.
J.G.: Después de 50 años de estrenada la obra, me tomé el permiso de hacer mi propia lectura. Fíjese en esa gran comilona de fin de semana algo tan argentino- qué papel cumple la dueña de casa. Se la pasa lavando, llevando y trayendo, cocinando sin descanso. Yo viví eso de chico en mi familia, las mujeres trabajando en la casa todo el día y los tipos ahí sentados tomándose un vermouth.
P.: Este tipo de situaciones podrían hacer reír a los jóvenes, ¿no cree?
J.G.: Estoy cuidando que no suceda, porque la obra no responde a ese estilo. Algunos personajes tienen sus cosas humorísticas y sus pequeñas tragedias, esos sueños que no pueden alcanzar, a veces provocan una sonrisa. Ahí está la influencia del grotesco que mencioné antes.
P.: ¿Qué tipo de sociedad retrató Cossa?
J.G.: Es gente que necesitaba un cambio pero que no hacía nada para llevarlo a cabo. Se obsesionan con la idea de progreso económico, de liberarse de la empresa, de trabajar día a día la relación de dependencia. Raúl invita a todos sus amigos para hablarle de un negocio con el que se va a poder independizar. Va vender por su cuenta máquinas de escribir. Pero es un proyecto a corto plazo. Ni que hablar que años después aparecieron las computadoras.
P.: Hoy la clase media tiene otras preocupaciones.
J.G.: Si vivieran en 2014, serían mucho más consumistas: con la tarjeta de crédito sobre la mesa. Estarían, todo el tiempo, chequeando sus celulares y pidiéndole al anfitrión la clave del wifi.
P.: Los personajes de esta obra son algo pusilánimes.
J.G.: Son personajes simples que se angustian ante una realidad que no comprenden del todo. Hacen lo que pueden. Se criaron en un siglo con repetidos golpes militares, tuvieron una educación más bien represiva. Es 1964: todavía faltaban cuatro años para el Mayo francés y cinco para que el hombre llegara a la luna. Todavía muchos iban a ver televisión a la casa del vecino o tenían que pedir prestado el teléfono .
P.: ¿Cuidó mucho los detalles de época?
J.G.: Muchísimo. Fue muy divertido ir incorporando objetos como la paleta para matar moscas o el aparato para tirar Flit. También cuidamos mucho el vestuario.
P.: ¿Y los peinados?
J.G.: ¡Los peinados! Tuvimos que utilizar pelucas porque las chicas ya no quieren batirse el pelo.
| Entrevista de Patricia Espinosa |


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