«Watt». De y por I. Rampoldi, L. Mazur y P. Estela. Coreog.: I. Rampoldi y L. Mazur. Dir. mus.: P. Estela. Ilum.: E. Gómez. Vest.: C. Urresti y M. Ortega. (Watt, Sarmiento 4006. Viernes y sábados, a las 22).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El trabajo anterior que tuvo como protagonistas a Inés Rampoldi y Leticia Mazur fue «Secreto y Malibú», una coreografía de Diana Szeinblum que logró un éxito para la danza contemporánea e independiente de nuestro medio. Ambas vuelven ahora con un espectáculo que también protagonizan y que crearon junto al DJ Paulino Estela.
Fiel a su nombre, «Watt» es electricidad, energía y movimiento. Sin búsquedas argumentales y apostando al riesgo de la improvisación en vivo, la intención de sus realizadores parece ser la exposición detallada de técnicas dancísticas que se adaptan con facilidad a la propuesta musical minimalista del DJ que interactúa con las bailarinas y Manuel Attwell que participa como invitado especial.
A lo largo de unos cuarenta minutos se desarrolla una suerte de ceremonia hedonista donde el cuerpo es principal atracción, con sus posibilidades cinéticas explotadas al máximo en una búsqueda no sólo de sincronía de movimiento y sonido sino también en la investigación espacial en la que se comprometen, además, la luz y el silencio. «Watt» puede ser fragmentada en seis secuencias en las que Rampoldi y Mazur se integran en dúos o en solos.
• Dinámica
Evidentemente hay una planificación coreográfica básica que es respetada por los tres bailarines, aunque la improvisación se manifiesta como consecuencia de una dinámica que invita a la creatividad momentánea, que como en el jazz surge según las circunstancias y el estado de ánimo de los participantes, de ahí que cada noche puede ser una experiencia distinta en la configuración del discurso visual.
La música que responde a ciertos cánones rockeros, con mucho de tecno y electrónica, es movilizadora. Pero también se suma una secuencia en silencio, que recurre a la luz natural proveniente de amplios ventanales que al correrse las cortinas dejan pasar la luz exterior y los sonidos de la calle cercana. Aquí todo se vuelve muy íntimo y reflexivo, aunque se retorna después a la parafernalia musical del principio.
Intachable la labor de Rampoldi, Mazur y Attwell (una suerte de Michael Jackson en potencia), que demuestran poseer una técnica impecable y un estado físico excepcional. Las luces, tercer elemento constitutivo de «Watt», son reveladoras de espacios, de gestos y de contrastes.
Dejá tu comentario