25 de marzo 2026 - 07:00

Jorge Brito: "Me preocupa que no podamos salir de este péndulo permanente"

Desde Nueva York, y en medio de la celebración de los 20 años de Banco Macro cotizando en Wall Street, el presidente de la entidad advirtió que la principal duda de los inversores es la continuidad del rumbo económico y político, en un contexto de resistencia a la baja del riesgo país y tensiones en la actividad.

Jorge Brito durante su discurso en un evento reservado en Wall Street.

Jorge Brito durante su discurso en un evento reservado en Wall Street.

Enviado especial a Nueva York, EEUU.En el corazón financiero del mundo, con Wall Street como telón de fondo y en un momento en el que la Argentina vuelve a estar bajo la lupa de los inversores globales -y al mismo tiempo emergen dudas locales-, Jorge Pablo Brito, presidente de Banco Macro, eligió ir al núcleo del problema. “Hoy la duda más importante que tienen los inversores es si (el presidente) Javier Milei sigue o no luego de 2027”, afirmó, al tiempo que le preocupa que el país no pueda "salir de este péndulo permanente de una extrema derecha a una extrema izquierda".

Las definiciones llegaron en Nueva York, en la antesala de un hito para la entidad que preside: el toque de campana en la Bolsa de Nueva York (NYSE) por los 20 años de su cotización en Estados Unidos, un símbolo del salto de banco del interior a protagonista central del sistema financiero argentino con presencia internacional. Pero el aniversario, lejos de quedar en lo institucional, funcionó como plataforma para trazar un diagnóstico sobre el momento económico y político del país.

En paralelo a las actividades por el aniversario, el banquero participó de una charla en la Universidad de Columbia -una de las instituciones académicas más prestigiosas de Estados Unidos-, ante un grupo reducido de alumnos de Argentina y Latinoamérica que completaron el cupo disponible. En ese marco, y en la previa al opening bell, mantuvo además un encuentro con un grupo de periodistas argentinos -entre los que se encontraba Ámbito-, donde profundizó sobre el presente económico, las dudas del mercado y las perspectivas del sistema financiero.

Brito -quien tomó las riendas de la entidad dos años y medio después del fallecimiento de su padre, Jorge Horacio Brito, ocurrido en 2020- combinó la mirada de largo plazo con la lectura del presente. En ese sentido, advirtió que el principal desafío de la Argentina es la credibilidad: “El mundo necesita creer que esto no es un proceso de dos años”, y que, sin esa condición, la baja del riesgo país y el acceso al financiamiento difícilmente se sostengan en el tiempo.

El ejecutivo también puso el foco en la dinámica del crédito y las tensiones del esquema monetario: “Cuando faltan pesos, baja la inflación, pero también hay impacto en la actividad”, explicó, en referencia a un ajuste que avanza a distintas velocidades entre sectores. En ese marco, alertó sobre el aumento de la morosidad y su efecto sistémico: “Si sube la morosidad, suben las tasas para todos”.

Sobre el tipo de cambio, rechazó la idea de atraso cambiario y propuso mirar los flujos más que los precios relativos: “No veo nada que me haga pensar que la balanza comercial se vaya a deteriorar”. En paralelo, señaló que aún quedan cuestiones pendientes -como la salida del cepo para empresas- que condicionan la llegada de inversiones.

“Cotizar en Nueva York te obliga a ordenarte, a profesionalizarte y a trabajar con estándares mucho más altos. Es como ponerse un corset”, recordó sobre el impacto estructural que tuvo la salida al mercado en 2006. A continuación, la entrevista completa con el presidente de Banco Macro:

Banco Macro, la llegada a Wall Street y lo que cambió en 20 años

Periodista: Banco Macro cumplió 20 años esta semana cotizando en Wall Street y volvió a tocar la campana de apertura. ¿Qué significa este aniversario, después de todo el camino recorrido desde aquella salida al mercado en 2006?

Jorge Brito: Es un momento muy especial. Me tocó vivir todo el proceso de salida en aquel entonces, que fue muy intenso. Fue un roadshow de unos 15 días, con reuniones con inversores, que arrancaba con el proceso previo de autorización de la SEC y luego continuaba con presentaciones en distintos mercados. En mi caso, hice la parte de Europa, viajando mucho, y después volví a Buenos Aires porque estábamos en la previa de la compra del banco Nuevo Bisel. Mi padre siguió con la parte de Estados Unidos, en Washington, Boston y Nueva York. De hecho, cuando fue el toque de campana yo no estuve. Me había vuelto. Y hoy lo veo con cierta nostalgia, porque fue un momento muy importante. En aquel entonces uno estaba muy metido en la operación y en el día a día, y tal vez no tomaba dimensión de lo que significaba. Hoy tengo esa foto en mi oficina, donde está mi familia, mis hermanos y mi madre, y la verdad que es un recuerdo muy fuerte. Cuando cumplimos 10 años sí estuve y lo viví distinto. Pero hoy, que mi padre ya no está, lo vivo de otra manera, con una carga mucho más emocional.

MACRO WALL STREET

P.: Más allá del hito en sí, ¿qué implicó en términos cualitativos para el banco cotizar en Nueva York en estos 20 años? ¿Qué cambió en términos de gestión, estructura y forma de operar?

J.B.: En términos cualitativos es muy importante. Cotizar en Nueva York te obliga a ordenarte, a profesionalizarte y a trabajar con estándares mucho más altos en todo lo que hacés. Es como ponerse un corset: sabés que te están mirando inversores, reguladores y analistas de manera permanente. Eso te exige tener procesos más sólidos, más claros y más transparentes, y sostenerlos en el tiempo. No es solo cumplir con reportes o exigencias formales, sino cómo gestionás el banco en el día a día, cómo tomás decisiones y cómo pensás el largo plazo. Nosotros seguimos siendo una empresa con impronta familiar, y creemos que eso es un valor. Pero sí cambió la forma de organizarnos. Hoy tenemos una estructura mucho más profesional, con roles bien definidos. Estamos los hermanos en distintos lugares -algunos en el banco, otros en otras unidades-, pero con una lógica mucho más ordenada que en los inicios. Y eso tiene mucho que ver con lo que implica estar listados en un mercado como el de Nueva York.

Argentina Week, y el clima de negocios desde adentro

P.: Viene de participar hace tres semanas del Argentina Week en Nueva York. ¿Qué balance hace del evento y qué percepción le dejó el clima entre inversores y dirigentes políticos?

J.B.: Fue muy positivo. Hace muchos años que participo, desde 2004, y lo que se vio esta vez fue distinto. Antes eran encuentros más dispersos, con agendas desordenadas y cada actor por su lado. Ahora estuvo todo mucho más coordinado, con una lógica más integrada y más parecida a lo que hace Chile desde hace tiempo. Pero más allá de la organización, hubo algo que me llamó especialmente la atención. En el almuerzo con gobernadores, por ejemplo, no se distinguía de qué partido era cada uno. Por la forma en que hablaban y por el tono, no sabías si eran oficialistas o de la oposición. Y eso, en el contexto argentino, es un dato relevante. Creo que ahí hubo una señal importante hacia el mercado: más allá de las diferencias, hubo una actitud de colaboración con la Nación que suma en términos de previsibilidad. Porque al final lo que mira el inversor es eso: coordinación y consistencia política. Esto no significa que no haya tensiones o discusiones, que las hay. Pero sí que hay ámbitos y momentos para cada cosa. Cuando esas formas se ordenan, se empieza a construir algo más sólido, y eso termina impactando en la economía real. Es un proceso, no algo inmediato.

P.: En ese contexto, el discurso del Presidente en la apertura, con críticas a empresarios como Paolo Rocca o Javier Madanes Quintanilla, generó ruido en el mercado. ¿Cómo evalúa ese episodio en un evento cuyo objetivo era justamente atraer inversiones?

J.B.: Más allá de las diferencias que uno pueda tener con empresarios, sindicalistas o dirigentes, hay ámbitos y hay formas. Y me parece que ese no era el ámbito ni la forma. Esto no implica decir si la crítica es justa o no, sino entender el contexto. Era un evento con un objetivo claro, que era atraer inversiones, y en ese sentido lo más importante era reforzar ese mensaje. Venía de un proceso previo con señales de coordinación política y de apoyo por parte de los gobernadores, que había sido bien recibido. Entonces, en ese marco, lo lógico era sostener esa línea y consolidar esa señal hacia el mercado.

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Las dudas de los inversores y el freno en la baja del riesgo país

P.: ¿A qué atribuye el freno en la baja del riesgo país y cuál es hoy la principal duda que tienen los inversores sobre la Argentina?

J.B.: Más allá de las mejoras que se vieron en algunas variables, en general, hoy hay muchas dudas sobre la Argentina. Pero yo te diría que hoy la más importante que tienen los inversores al momento de hacer o no una inversión es si (Javier) Milei sigue o no (en el próximo período de gobierno). Muchas veces cuando hay cuestiones políticas internas que afectan la imagen del Presidente o de su gobierno, uno pregunta qué tiene que ver eso con el riesgo país. Bueno, tiene mucho que ver. En la medida que el inversor vea que no hay ninguna otra alternativa potable dentro del universo de lo posible, ven a Milei como la única expresión de un modelo satisfactorio para su modelo de inversión. Entonces cada vez que hay alguna cuestión que afecta la imagen de Milei, eso impacta directamente en las variables financieras. Las encuestas, por ejemplo, son una variable que los inversores siguen muy de cerca.

P.: ¿Con una mirada de mediano o largo plazo, qué considera que le falta al país para consolidarse y recuperar plenamente la confianza del mercado?

J.B.: Tiempo. Básicamente, tiempo. Lo que el mundo necesita es creer que esto no es un proceso de dos años, que no es algo transitorio, sino un camino que se va a sostener. Que se van a respetar los derechos privados, que no se va a volver a gastar más de lo que se tiene y que no se va a incumplir. Son conceptos que en cualquier país parecen básicos, pero que en la Argentina no siempre se cumplieron. Entonces el problema no es solo económico: es de credibilidad. Y esa credibilidad es, en gran parte, política. Porque al final, cuando hay dudas sobre la política, eso impacta directamente en la economía. Los inversores se frenan, venden activos, se dolarizan, esperan. Eso ya lo vimos en otros momentos. El mercado muchas veces se anticipa. Cuando cree que un proceso no se va a sostener, empieza a desarmar posiciones antes de que eso ocurra. Hoy la diferencia es que, desde el punto de vista económico, hay una base más consistente. Pero el desafío sigue siendo político: lograr continuidad y que no esté todo en duda cada dos años, porque eso es lo que termina frenando el financiamiento.

Morosidad y... ¿señales de giro en la política monetaria?

P.: Frente a este escenario, ¿ve al Gobierno con margen para hacer un ajuste más pragmático en la política monetaria para revertir la dinámica económica de los últimos meses? Lo digo en un contexto donde las encuestas muestran cierto deterioro en la imagen del Presidente y aparece mayor ruido político.

J.B.: Creo que son conscientes de la situación. Si bien no hubo una expresión explícita del Gobierno, en las últimas semanas se tomaron algunas medidas que muestran cierta toma de conciencia. Por ejemplo, se vio una baja de tasas de interés y también un Banco Central más cercano a los bancos, más atento a lo que está ocurriendo, en particular con el aumento de la morosidad.

P.: ¿Qué puede hacer el Banco Central para contener la morosidad y mejorar la dinámica del crédito?

J.B.: El trabajo tiene que ser conjunto. No es solo una cuestión del Banco Central, sino también de los bancos. Hay un desafío colectivo para contener estas dinámicas y evitar que se profundicen. Cuando uno analiza la morosidad, ve que aproximadamente la mitad corresponde a empresas y la otra mitad a individuos. En el caso de las personas, hay dos factores claros: el deterioro del empleo y una dinámica propia del sistema vinculada a los planes sueldo. Cuando una persona cambia de banco, muchas veces aumenta el riesgo de mora en la entidad previa. Eso puede llevar niveles de mora de 5% a cerca de 20% en esos casos. No es necesariamente un problema de calidad crediticia, sino de funcionamiento del sistema. Pero el impacto es general: si sube la morosidad, suben las tasas para todos. Y ahí deja de ser un problema individual para convertirse en un problema sistémico.

P.: ¿Le preocupa la resistencia a bajar de la inflación en los últimos nueve meses?

J.B.: Cuando uno mira la historia de los países que lograron bajar la inflación, prácticamente no hay casos de haber pasado de niveles muy altos a un dígito en tan poco tiempo. Es un proceso que lleva tiempo. Además, hay que tener en cuenta que hubo muchos factores de una sola vez. Por ejemplo, el reacomodamiento de precios de servicios que estaban muy subsidiados. Eso genera un impacto puntual, un “one shot”, pero no es algo que se repite todos los meses. Entonces, en ese sentido, me parece que el proceso va en un buen camino, pero no hay que esperar que sea inmediato.

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Precio del dólar, cepo a las empresas y demanda de ahorristas

P.: Con el tipo de cambio estable o a la baja hace unos meses, incluso con el Banco Central comprando reservas, ¿cree que están dadas las condiciones para avanzar en una liberación total del cepo que todavía persiste sobre las empresas?

J.B.: Aún hay cuestiones pendientes que hay que resolver. Porque, si no, uno no termina de recoger los beneficios de estar en un país sin cepo o con un mercado más abierto y fluido, que en definitiva responde a un principio básico: uno no entra a un lugar del que después no puede salir. Todavía hay preocupaciones. Por ejemplo, el tema de los dividendos: hay inversores que dicen que, hasta que eso no se resuelva, no van a entrar del todo. Con lo cual entiendo que es algo que está en agenda y que en algún momento se va a resolver. También es cierto que lo ocurrido en octubre del año pasado interrumpió un proceso de apertura que venía con señales claras en esa dirección, y eso explica en parte por qué todavía no se avanzó más.

P.: Puntualmente sobre el nivel tipo de cambio cerca de $1.400, ¿usted coincide con la idea de algunos sectores de la economía y ciertos analistas de que hoy está atrasado?

J.B.: En Argentina tenemos la tendencia a definir si el tipo de cambio está alto o bajo mirando precios relativos. Pero creo que lo más importante son los flujos. Hoy uno ve que las importaciones vienen cayendo y que las exportaciones deberían tender a aumentar: energía, minería, agro, commodities en general. Entonces no veo nada que me haga pensar que la balanza comercial se vaya a deteriorar. Con lo cual no coincido con la idea de que el tipo de cambio esté atrasado, más allá de que claramente en dólares el país está más caro que antes. Pero para saber si el tipo de cambio está alto o bajo hay que mirarlo hacia adelante, no en función del pasado.

P.: ¿Cómo está viendo la demanda de dólares por parte de los ahorristas, en un año no electoral?

J.B.: Cuando uno mira la dolarización de portafolios, estamos hablando de alrededor de u$s36.000 millones en los últimos 12 meses, con picos muy fuertes en los meses electorales del año pasado, entre los más altos de la historia. Eso claramente no es un dato menor. Pero también hay una parte positiva: muchos de esos dólares están quedando dentro del sistema. Entonces el desafío es cómo hacer para que esos depósitos se transformen, de manera segura, en préstamos hacia la economía real.

Créditos en dólares, ¿para todos?; sectores ganandores y desafíos

P.: ¿De qué manera cree que se puede avanzar para ampliar el crédito en dólares y canalizar esos fondos dentro de la economía, incluso hacia perfiles que hoy tienen más restricciones?

J.B.: Siempre desde la lógica de administrar el riesgo, que es el rol central de los bancos. No necesariamente un cliente que genera dólares es menos riesgoso, ni uno que no los genera es más riesgoso: hay que analizar cada caso en particular. Por ejemplo, un profesional o empresario con ingresos altos puede demandar un crédito en dólares para vivienda si no quiere asumir tasas en pesos. Lo mismo ocurre con las empresas: muchas veces, al no tener acceso al mercado de capitales en el corto plazo, terminan financiándose en pesos, lo que encarece y desplaza crédito dentro del sistema. Por eso creemos que hay una oportunidad para mejorar la asignación del crédito, ampliando alternativas en dólares, siempre dentro de un esquema donde cada banco decida según su criterio de riesgo. Lo importante es que sea una opción, no una obligación.

P.: En este contexto de ajuste y reconfiguración de la economía, ¿cómo está viendo el nivel de actividad y qué perspectivas ve para el crédito hacia adelante, tanto en empresas como en individuos?

J.B.: Hay sectores que están atravesando un muy buen momento en la Argentina, como energía, minería y actividades vinculadas a la exportación. También aparecen oportunidades ligadas a venta de activos públicos o procesos de consolidación, lo que abre espacio para el financiamiento, como ocurrió en los años 90. En ese contexto, veo una oportunidad clara de crecimiento del crédito, especialmente del lado de las empresas en el corto plazo, donde hoy está la mayor tracción. En individuos, hubo cierto dinamismo en tarjetas y préstamos personales, pero eso tiene un límite si no se desarrollan instrumentos de más largo plazo. Ahí aparece el gran desafío: el crédito hipotecario, que hoy es prácticamente irrelevante en el sistema financiero argentino y muy bajo en comparación con otros países. Para que ese segmento despegue se necesitan condiciones macro más estables, tasas previsibles y fondeo de largo plazo. Sin eso, es difícil que el crédito a individuos crezca de manera sostenida.

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Impacto de la guerra en Argentina

P.: En un escenario global más inestable, a casi cuatro semanas del inicio de la guerra en Medio Oriente, ¿cómo ve ese contexto y qué implicancias puede tener para la Argentina?

J.B.: A ver, nadie quiere guerras. Eso está claro. Desde ningún punto de vista eso es algo deseable. Pero si uno lo mira estrictamente desde el punto de vista económico y en función del perfil productivo de la Argentina, hay determinados efectos que pueden ser positivos. Nuestro país es un país productor de alimentos, de energía y de minerales. Entonces, en un contexto en el que esos precios se ven impulsados por tensiones internacionales, eso puede generar un impacto favorable en términos de exportaciones y de ingreso de divisas.

Política y una eventual candidatura

P.: En el último tiempo, empezó a aparecer su nombre en algunos artículos como posible candidato presidencial. ¿Le interesa la política en ese sentido?

J.B.: No, la verdad que no. El interés que tengo en la política es el que puede tener cualquier ciudadano, alguien que obviamente se preocupa por el país. Sí me interesa entender lo que pasa, y me preocupa que no podamos salir de este péndulo permanente, en el que pasamos de una extrema derecha a una extrema izquierda. Creo que tenemos que encontrar un camino más equilibrado. Y eso también se ve en el temor que tienen muchos inversores o empresarios, que no saben si el rumbo se va a sostener. A mí la política me interesa, pero si algún día participo no va a ser porque me tienten un cargo o un partido. Va a ser porque encuentre un espacio en el que sienta que puedo aportar, en el lugar que sea.

P.: ¿Ve hoy un espacio de centro que pueda surgir?

J.B.: Hoy, como están las cosas, no lo veo. Cuando uno mira los nombres que aparecen como posibles candidatos, no veo que ninguno exprese claramente un centro. Y eso tiene que ver con algo más general: en el mundo, los extremos se retroalimentan. Cuando una extrema derecha critica a una figura de izquierda, la termina posicionando como su rival, y viceversa. En Argentina eso pasó mucho. El propio peronismo, que fue el espacio con mayor participación política en la historia, se fue corriendo hacia un lado en función de esa lógica de enfrentamiento. Y eso es lo que hay que intentar resolver si queremos ser un país más estable y no estar cambiando de sistema cada cuatro años.

Para inversores: visión sobre Argentina, sistema financiero y futuro de Banco Macro

P.: Pensando en un inversor que hoy mira a la Argentina con más atención, pero también con cautela, ¿qué mensaje le daría sobre el país y, en particular, sobre el sistema financiero?

J.B.: Argentina tiene todo para que le vaya bien. Tiene recursos naturales, capital humano y oportunidades en distintos sectores. Lo que pasó es que durante muchos años hicimos las cosas mal. Entonces hoy el desafío no es tanto de potencial, sino de generar confianza y sostener un rumbo. Si la política no le pone el pie encima al sector privado, el sector privado va a empujar y mucho. Hay capacidad, hay ganas de invertir y hay sectores con oportunidades muy claras. Y en ese contexto, los bancos vamos a ser protagonistas. Porque los bancos vivimos de la actividad: cuando a la economía le va bien, a los bancos les va bien, y cuando le va mal, también lo sufrimos. Hoy el crédito en Argentina es muy bajo en relación al PBI, está en torno al 10%-11%, mientras que en la región está en 30%-40% o más, y en los países desarrollados incluso por encima de eso. Entonces hay un proceso de crecimiento muy grande por delante. Si la economía se ordena y se sostiene en el tiempo, el sistema financiero va a acompañar ese crecimiento.

P.: En ese escenario, ¿cómo se posiciona Banco Macro y cuáles son sus planes de crecimiento hacia adelante?

J.B.: Banco Macro va a crecer por dos vías. Por un lado, crecimiento orgánico, acompañando el desarrollo del crédito, que es algo que ya venimos haciendo y que va a seguir siendo parte central de la estrategia. Y por otro lado, crecimiento inorgánico, a través de adquisiciones y de un proceso de consolidación del sistema. Eso es algo que ya se vio en el mundo. En los años 90 los bancos se expandían geográficamente y buscaban estar en todos los países. Hoy lo que se ve es otra lógica: una consolidación regional, ser más fuerte donde uno tiene presencia y ganar escala en esos mercados. Y Argentina no va a ser la excepción a ese proceso. Va a haber consolidación y ahí Banco Macro también va a jugar su rol.

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