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Inclusión financiera es mucho más que bancarización

Cada inicio de mes miles de personas se agolpan en los cajeros automáticos y ventanillas de los bancos y retiran la totalidad de sus haberes, jubilaciones y asignaciones sociales, para luego manejar su economía en efectivo durante el resto del mes.

Este comportamiento es, además de tremendamente incómodo e inseguro, el inicio de un círculo vicioso con múltiples perjuicios para los individuos, los estados y la economía, cuya expresión más irrisoria tiene que ver con que parte de ese dinero blanco pasa del circuito formal a alimentar la usina de la economía informal.

En este contexto, la inclusión financiera surge como el mejor camino para romper con ese círculo en el que todos pierden y en el que los usuarios tienen mucho por ganar, dado que el acceso a los servicios financieros permite reducir las brechas de desigualdad, ofreciendo productos que particulares, comerciantes y autónomos utilizan para ahorrar ingresos, financiar el consumo e invertir en el futuro.

Así las cosas, si bien los bancos comerciales son el pilar central del desarrollo económico y la inclusión financiera en los países desarrollados, no han logrado impulsar el crecimiento inclusivo de los servicios financieros en economías emergentes como la de Argentina, debido a que sus modelos de negocios no se adaptan a las particularidades de gran parte de la población, especialmente en la base de la pirámide.

Estructuras más rígidas y modelos de atención centrados en la presencialidad, así como la falta de incentivos, son algunas de las razones por las que los actores del sistema bancario tradicional no han logrado captar el interés de los no bancarizados y ampliar las tasas de uso de los servicios financieros. Esta situación ha dejado un enorme vacío y el espacio para innovar que las fintech han venido a capitalizar.

Basadas en un uso intensivo de la tecnología, y bajo la premisa de que donde hay un celular está la posibilidad de llegar con servicios financieros digitales, las fintech están viviendo un boom que tiene más que ver con aprovechar una mejor comprensión de las necesidades y el comportamiento del consumidor, que con los beneficios de tecnología en sí misma.

Mucho se ha escrito y debatido bajo la consigna de “Fintech vs. Bancos”, aunque lo que mejor representa el panorama que la irrupción que las fintech ha traído al mercado financiero es la nueva realidad en la que se sube la vara para todos. La totalidad del ecosistema, desde los pequeños startups hasta los grandes bancos multinacionales, pasando por las grandes plataformas globales del mundo digital, compite hoy bajo la premisa de trabajar sobre la inclusión financiera.

Inclusión que tiene múltiples dimensiones, va mucho más allá que la mera tenencia de una cuenta bancaria y tiene más que ver con un uso activo, consciente e intensivo de los servicios financieros.

Es lograr que puedas pagarle al plomero con una transferencia o un pago móvil, es asegurar tu auto en forma inmediata desde tu celular y pagar una menor prima por el scoring de manejo que ese mismo celular genera. Es poder abrir una cuenta de ahorro o inversión con una selfie, o pagar todos tus servicios escaneando un código QR. Es poder acceder a una tarjeta de crédito sin más requisitos que solicitarla o poder financiar una compra en el shopping aun sin tener una cuenta bancaria, accediendo a un préstamo personal. Es que desde su móvil un trabajador autónomo o un comerciante puedan pagar sus impuestos o tomar un préstamo para financiar su negocio.

Si logramos que un uso inteligente de la tecnología nos permita avanzar en ese camino, la economía tiene mucho por ganar. Ganamos en el impacto impositivo y fiscal, en la igualdad de oportunidades y en un mayor desarrollo de la economía formal.

(*) Presidente de la Cámara Argentina Fintech y CEO de MONI

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