28 de febrero 2008 - 00:00
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«Lo compraron a Pompilio», murmuraban otros, con decepción, aludiendo al gobierno nacional y seguros de que el avatar está destinado, entre otras cuestiones, «a sacar a los macristas de la comisión directiva del club». La contrapartida de esa movida es, sin embargo, que Macri ya tiene varios colaboradores que lo asistían en Boca como funcionarios del Gobierno de la Ciudad, empezando por el vocero Ivan Pavlosky, hasta el ex tesorero Andrés Ibarra -responsable ahora de infraestructura escolar- o el actual vice del Instituto de la Vivienda y ex asesor en el club, el empresario Eduardo Petrini, entre otros.
Lo cierto es que, una vez que Macri salió de la sorpresa arremetió con desafiar la cruzada y hasta está pensando en presentar una lista propia en las elecciones a las que debe convocar el club.
Cree que «a los del gobierno les va a salir mal», lo que piensa es una jugarreta «que están utilizando políticamente». Lo mortifican las declaraciones de Carlos Kunkel que ha reivindicado la gestión de Pompilio y ha acusado a Macri de utilizar el club de plataforma política. Le contestó ayer a la tarde, desde el club: «ese no es el camino, señor Kunkel, no vamos a permitir que la política nacional se meta en el club».
«Quieren dividir a los hinchas», pensó en voz alta el jefe de Gobierno, mientras debatía, durante el martes -día de la noticia- qué harían con la nueva.
De todos modos algunos ministros se ocuparon de difundir que «Mauricio está contento porque los palos en la rueda siempre lo terminan favoreciendo».
«Lo que quiere Mauricio es proteger el club ante las intromisiones ajenas», explicó un colaborador del jefe de Gobierno porteño. «Va a impedir que venga cualquiera a desvirtuar lo que ha conseguido en Boca desde el punto de vista institucional, deportivo y patrimonial».
Así, Macri parece que se tomará la vuelta en Boca como un desafío, que ya relaciona a la gestión porteña, convencido que quieren mellarle la gestión complicándosela con los trámites del club.



