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30 de marzo 2026 - 08:16

Científicos del CONICET descubren una nueva especie de erizo en el mar argentino

Se trata de un animal diminuto y de color violeta que nunca se había registrado en el planeta.

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Esta especie fue bautizada científicamente como Bathycidaris argentina. 

cenpat.conicet.gov.ar

Científicos del CONICET y del Museo Argentino de Ciencias Naturales descubrieron un nuevo género y especie de erizo de mar diminuto y de color violeta en el cañón submarino de Mar del Plata. El hallazgo, liderado por Jonathan Flores, Martín Brogger y Mariano Martínez, se produjo a profundidades de entre 1.100 y 1.950 metros, constituyendo un nuevo registro para la ciencia mundial.

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Bautizada científicamente como Bathycidaris argentina, esta nueva especie destaca por su diminuto tamaño: apenas alcanza los 2 centímetros de diámetro y 1 de altura. “El desafío fue nombrar tanto a la especie como al género”, expresó Flores a través de un comunicado oficial del CONICET.

A lo que añadió: “El género surge de bathys, profundo en griego, y cidaris, un término en latín que se utiliza históricamente para este grupo de erizos. El epíteto específico, argentina, fue elegido en honor al país donde se recolectaron los ejemplares”.

CONICET hallazgo erizo

Jonathan Flores (IBIOMAR-CONICET) junto a Martín Brogger y Mariano Martínez (Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” - MACNBR-CONICET) estuvieron a cargo del descubrimiento.

Cañón submarino de Mar del Plata: dónde queda

Situado en el límite exterior del Mar Argentino, al sur de la desembocadura del Río de la Plata, el cañón de Mar del Plata se trata de un mundo de frío, oscuridad y presiones extremas.

Esta formación se interna unos 250 kilómetros en el océano, alcanzando profundidades de hasta 4.000 metros. Gracias a su relieve accidentado y al choque de corrientes, funciona como un corredor biológico clave para la vida marina.

Este hallazgo en especial, se pudo lograr después de diez años de campañas oceanográficas a bordo del buque Puerto Deseado del CONICET. “Las muestras se recolectaban con diferentes artes de pesca, lanzadas a más de mil metros de profundidad. No sabíamos lo que podía aparecer hasta que, luego de varias horas, el arte de pesca regresara a cubierta. A veces llegaba lleno, otras, vacío”, afirmó Flores.

De esta forma, los investigadores integraron exámenes morfológicos clásicos con estudios genéticos de vanguardia para cotejar los especímenes con los registros globales de especies existentes. “La sensación de estar frente a algo que podría ser una especie nueva es difícil de describir, pero es realmente maravillosa”, finalizó el investigador.

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