Cristina de Kirchner citó ayer a un experto en crisis: Francis Ford Coppola. El director de «El Padrino», que por la tarde había atendido a la prensa antes de iniciar el rodaje de su película «Tetro» en el país, había salido presuroso a las 19 del Club Sirio Libanés en Recoleta con rumbo desconocido. Más tarde se supo que iba a Casa de Gobierno, donde lo esperaba la Presidente en su despacho. Aun para la agenda apretada de Coppola, el convite de Cristina era, claro, una oferta imposible de rechazar. A Coppola se le incendiaron varias veces los sets de «Apocalypse Now» en las Filipinas, donde también sufrió los efectos de los tifones y se le infartó su protagonista, Martin Sheen. Pero salió adelante.
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Cristina, que hoy sabe de fogatas similares, encontró frente a ella (al fin un remanso en el anochecer de un día agitado) al mejor interlocutor, un robusto hombre sabio que, sin embargo, como inevitable lapsus de gourmet y refinado bodeguero, tuvo la mala idea de elogiarle, justo anoche, las buenas carnes argentinas, tal como lo había hecho unas horas antes, durante el diálogo con los periodistas. Fue el único sobresalto de una conversación plácida y amena en la que Coppola le narró algunos de los secretos de su próxima película con escenarios en La Boca. Y le habló de las crisis, desde ya.
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