La victoria aliada sobre los nazis en 1945 significó la liberación de Europa y el rescate de los supervivientes de la «solución final» hitleriana. Sin embargo, una sombra ha cubierto desde entonces ese triunfo: ¿no había tenido el mundo suficientes denuncias e indicios del Holocausto con mucha anterioridad, lo que habría permitido actuar antes, bombardeando las vías férreas que se usaban en las deportaciones o, incluso, áreas neurálgicas de los centros de exterminio? Eso, se ha asegurado, podría haber marcado la diferencia entre la vida y la muerte para, acaso, millones de personas.
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Esos interrogantes fueron respondidos por una investigación patrocinada por el gobierno de Estados Unidos, cuyo resultado deja un regusto amargo. Si la «solución final» fue aprobada en enero de 1942 por los nazis, para diciembre de ese año los aliados ya contaban con indicios suficientes que les habrían permitido actuar.
La investigación del historiador Robert Hanyok, titulada «Espiando en el infierno» y recogida ayer por «The New York Times», establece un paralelo entre esta situación y las falencias de inteligencia que permitieron los atentados del 11 de setiembre de 2001. Como en esta ocasión, «el análisis sugiere que los aliados fracasaron en entender la información que tenían... que podría haber dado lugar a una respuesta militar capaz de interrumpir las deportaciones y las exterminaciones masivas», reseña el artículo del «Times».
Según Hanyok, un historiador de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, «aunque las pruebas no eran definitivas, en los mensajes codificados de los nazis interceptados por Gran Bretaña en 1941 figurabandetalles espantosos que podían confirmar y demostrar el objetivo del genocidio perpetrado por los alemanes mucho antes de 1945», dijo el artículo.
En esa época, los expertos de las naciones aliadas se concentraban en sus informes en temas como el trato brindado por los nazis a los prisioneros y no tomaron consciencia de la extensión del exterminio, explicó el historiador al diario neoyorquino.
En otro paralelo con las fallas de inteligencia previas al 11-S, que la nota califica como «llamativo», los traductores eran pocos, lo que provocó el retraso de los análisis. Más allá de esto, el informe de Hanyok introduce un elemento inquietante para explicar la omisión de los aliados: el antisemitismo imperante en la época también fuera de Alemania pudo haber influido en la forma en que se interpretó la información disponible.
«Espiando en el infierno», que, según «The New York Times», fue «distribuida silenciosamente el mes pasado», entrega ejemplos claros acerca de que había información disponible sobre el exterminio y que ésta no recibió la atención que merecía. Así, «un mensaje, declasificado en 2000 y citado sólo en publicaciones académicas, fue interceptado el 11 de enero de 1943. Este especificaba el número de los judíos asesinados en la Operación Reinhard en cuatro campos de la muerte -Lublin, Belzec, Sobibor y Treblinka- en 1942: 1.274.166». Sin embargo, sigue el artículo del «Times», según el reporte de la época, «el mensaje contenía solamente las letras que identificaban los campos de la muerte seguidos de los totales numéricos». Así, «la pista de que éstos eran campos de la muerte habría sido la referencia a la Operación Reinhard, un tributo al general de las SS Reinhard Heydrich, a quien se había encargado organizar el plan nazi para eliminar a los judíos de Europa».
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