2 de diciembre 2005 - 00:00
Da para todo el Obelisco porteño; ayer, forrado
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Publicidad fálica. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
cedió el Obelisco porteño para que una empresa privada lo
cubriera con un preservativo gigante y aprovechara para
hacer publicidad.
«Un obelisco es otra cosa», explicaba el arquitecto defendiendo su artística y lo criticaron porque, decían, un obelisco es macizo y el nuestro, hueco.
• Afiches
Como tantas cosas, los porteños no sólo se acostumbraron a su presencia, sino que, recuerda el arquitecto José María Peña -director del Museo de la Ciudad de Buenos Aires- cuando, en 1971, se invitó a un concurso de afiches sobre la Ciudad y 90% de los participantes hizo diseños sobre el Obelisco. «El ombligo de la Ciudad, le llamamos al Obelisco», recordó Peña.
Lo entendieron así los vecinos, como centro y símbolo, cuando se concentraron en 1978 a festejar los resultados del Mundial de fútbol, pero antes ya se había utilizado de soporte festivo o publicitario.
Durante la gestión de José López Rega, en el gobierno de Isabel Perón, se utilizó el monumento como árbol de Navidad con las correspondientes bolas alusivas, pero representadas con globos inflables cuya pérdida de aire con el correr de los días lo transformaron en decadentes adornos.
Cuando la intendencia en cambio estuvo a cargo de Embrioni, la idea de centrar campañas en torno al símbolo se utilizó para colocar un aro giratorio a su alrededor con la leyenda «el silencio es salud».
Antes, en 1953, gobierno de Juan Domingo Perón, había llegado al país un grupo de equilibristas alemanes, que para demostrar sus habilidades tendió una cuerda desde el Obelisco al Teatro Colón, que atravesó desplegando sus destrezas y provocando la atracción.




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