2 de diciembre 2005 - 00:00

Da para todo el Obelisco porteño; ayer, forrado

Publicidad fálica. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Airescedió el Obelisco porteño para que una empresa privada locubriera con un preservativo gigante y aprovechara parahacer publicidad.
Publicidad fálica. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cedió el Obelisco porteño para que una empresa privada lo cubriera con un preservativo gigante y aprovechara para hacer publicidad.
El Obelisco porteño apareció ayer cubierto de una tela rosa, a lo largo de sus 70 metros de altura, que simula un preservativo gigante, con la idea -cree el Gobierno porteño y radio- de contribuir en el día internacional de lucha contra el sida, embestida que no ha respetado ni creencias ni historia.

La idea partió de la emisora radial, pero quien gestionó el permiso para que la FM de Daniel Hadad disponga gratuitamente de uno de los espacios más codiciados (e impensados) para publicidad en la Ciudad fue una directora del área de la Jefatura de Gabinete, pero, claro, con el consentimiento del suplente de Aníbal Ibarra, Jorge Telerman.

• Recordación

El humor porteño, que no elude circunstancias, se avivó, claro, ante el Obelisco disfrazado de preservativo. Se oyó que se había realizado el enorme adminículo en respuesta a la ley que obliga a confeccionar talles grandes, por caso, sobre el vestir procaz del monumento, que recuerda el desembarco de los españoles con Pedro de Mendoza, cuando fundaron por primera vez la Ciudad.

Lo cierto es que el monumento histórico, que pronto cumplirá 70 años como representativode la Ciudad, se utilizóexageradamente, con intenciones de profilaxis, pero tambiénpublicitarias para la frecuencia de FM que desplegó la iniciativa y el Gobierno de la Ciudad que otorgó el permiso para la exhibición.

Nacido con mala estrella, en 1936, de mano de Alberto Prebisch, considerado protagonista del surgimiento de la arquitectura moderna en la Argentina, el Obelisco fue declarado «adefesio» por los concejales de esa época. Su aparición fue quizá tan polémica entre los vecinos, como lo fue ayer su vestimenta. Casi por unanimidad los concejales, por entonces, dictaron una resolución para que se tirara abajo la obra de Prebisch, encargada para conmemorar los 400 años de la llegada de De Mendoza.

«Un obelisco es otra cosa», explicaba el arquitecto defendiendo su artística y lo criticaron porque, decían, un obelisco es macizo y el nuestro, hueco.

• Afiches

Como tantas cosas, los porteños no sólo se acostumbraron a su presencia, sino que, recuerda el arquitecto José María Peña -director del Museo de la Ciudad de Buenos Aires- cuando, en 1971, se invitó a un concurso de afiches sobre la Ciudad y 90% de los participantes hizo diseños sobre el Obelisco. «El ombligo de la Ciudad, le llamamos al Obelisco», recordó Peña.

Lo entendieron así los vecinos, como centro y símbolo, cuando se concentraron en 1978 a festejar los resultados del Mundial de fútbol, pero antes ya se había utilizado de soporte festivo o publicitario.

Durante la gestión de
José López Rega, en el gobierno de Isabel Perón, se utilizó el monumento como árbol de Navidad con las correspondientes bolas alusivas, pero representadas con globos inflables cuya pérdida de aire con el correr de los días lo transformaron en decadentes adornos.

Cuando la intendencia en cambio estuvo a cargo de Embrioni, la idea de centrar campañas en torno al símbolo se utilizó para colocar un aro giratorio a su alrededor con la leyenda «el
silencio es salud».

Antes, en 1953, gobierno de Juan Domingo Perón, había llegado al país un grupo de equilibristas alemanes, que para demostrar sus habilidades tendió una cuerda desde el Obelisco al Teatro Colón, que atravesó desplegando sus destrezas y provocando la atracción.

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