Buenos Aires vivió ayer su día más atípico desde 1918, al menos en lo que a clima se refiere. La nieve fue una curiosidad para los porteños, que se sorprendieron ante el espectáculo de autos y árboles cubiertos.
Una de las tantas imágenes de ayer en la ciudad: nadie pudo ocultar su sorpresa y alegría
por un fenómeno desconocido para buena parte de la gente.
¿Es realmente nieve? ¿Es sólo una nevisca? ¿Es aguanieve? Esas eran las preguntas que incesantemente repetían ayer los porteños desde que un fenómeno meteorológico desconocido para muchos comenzaba a precipitarse sobre la ciudad. Primero en algunas zonas, luego en otras, y después generalizado. Al principio, después del mediodía, no alcanzaba las dimensiones de una nevada. Pero entre las 15 y las 17 no quedó lugar a dudas y un hecho irrefutable lo demostró: cuando el barrer del limpiaparabrisas del auto logra acumular y hace visible esa sustancia blanca, es nieve.
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Ocurrió así en Capital Federal, sus alrededores y casi todo el país. No sucedía aquí desde 1918 con similar intensidad, aunque 10 años después de esa histórica jornada (en julio de 1928) nevó otra vez en la ciudad pero no alcanzó para que el blanco se hiciera visible.
El feriado y la nieve aportaron el escenario ideal para que el drama diera lugar a la comedia. El drama de la crisis energética se olvidó por algunas horas por el romanticismo y el juego al que llama la nieve en un lugar donde esto sólo puede ocurrir por una excepcionalidad.
¿Pensará el gobierno que la conjunción de una serie de factores, como son temperaturas bajo cero, más baja aun sensación térmica, alta humedad y muy bajo índice de radiación solar forman parte de una «campaña sucia» destinada a poner en evidencia las falencias que el país registra en materia energética? ¿O habrá festejado el gobierno encontrando en la excepcionalidad de este clima un motivo para desentenderse de la grave situación por la falta de energía suficiente, atribuyendo todo a una clima tan «raro» que hace que hasta nieve en Buenos Aires, una ciudad cuya infraestructura obviamente no está preparada para las nevadas?
Campaña o no, la ciudad seguro quedará sucia, porque la nieve cuando se derrite da lugar al barro. Y de esto deben saber mucho varios integrantes de este gobierno pingüino.
Lo cierto es que pese al frío, los porteños salieron a la calle a festejar, aunque lamentaban en un principio no poder hacer los clásicos muñecos de nieve, ya que los pequeños copos se derretían al tomar contacto con el suelo. Pero con el correr de las horas el escenario fue cambiando y hacia las 20, un blanco casi perfecto cubría automóviles y techos.
En 1918, la intensidad permitió entonces que algunos habitantes pudieron jugar con ella y quedaron registros fotográficos que muestran cantidad de nieve acumulada en árboles y aceras. Julio de 2007 volverá a destacarse en el anecdotario (aunque, claro, no sólo por la nieve).
Desde temprano, las noticias sobre las nevadas en distintos puntos del centro y norte de la Argentina ilusionaron a porteños y bonaerenses, cuyas esperanzas crecieron aun más cuando los copos blancos comenzaron a caer sobre las localidades cercanas a la ciudad.
Inesperado
Las crónicas dan cuenta de que al llegar el mediodía, y entrando desde el sudoeste del conurbano bonaerense, la nevada empezó a hacerse notar en las localidades de Ezeiza y Cañuelas. Alrededor de las 14:00, el fenómeno empezó a experimentarse en zonas linderas a la Capital Federal y rápidamente se extendió a los partidos de Lomas de Zamora, La Matanza, Vicente López y San Isidro.
En la Ciudad de Buenos Aires comenzó siendo aguanieve, aunque cerca de las 15, los copos blancos podían identificarse claramente, debido a las bajas temperaturas, que estaban por debajo de los 2 grados centígrados.
Habitantes de algunos barrios porteños como Palermo, Mataderos, Urquiza y Congreso pudieron distinguir la nieve entre la garúa que se precipitaba.
Minutos después de las 16, el fenómeno blanco arribó al microcentro porteño y sorprendió a quienes debieron trabajar a pesar del feriado nacional.
Lo inesperado del hecho, su duración y su creciente intensidad, revolucionaron a los habitantes de la ciudad: fue corriente el entrecruzamiento de llamadas y mensajes de texto, sacándose fotos y tratando de habituarse a un paisaje que nunca dejó de sorprenderlos. Cuando la nieve empezó a acumularse, mucha gente se escapaba por unos minutos de sus lugares de trabajo para tomar contacto con algo extraño y a la vez hermoso. Es que para muchas de las más de 13 millones de personas que pueblan el área metropolitana, la de ayer fue nada más ni nada menos que la primera oportunidad en sus vidas de ver y tocar la nieve, por lo que la emoción y la excitación se mezclaban con el estremecedor frío que llevaba la sensación térmica a niveles bajo cero.
Incredulidad
El gesto de incredulidad se repetía a través de kilómetros: desde La Plata hasta San Isidro, desde el microcentro hasta La Matanza, desde Lomas de Zamora hasta Tigre.
La ola de frío que sacude a gran parte del país, y que continuará hasta mañana por lo menos, es consecuencia de una masa de aire polar que ingresó hace dos días de la Patagonia, explicaron los expertos.
Lo cierto es que la nieve pasó después de casi un siglo por la Capital Federal y sus alrededores, y no será algo que porteños y bonaerenses puedan olvidar con facilidad.
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