Un especialista en rescates descendió ayer en la grieta donde cayeron dos expedicionarios el último sábado, en la Antártida, para intentar dar con los desaparecidos, según informaron voceros de la Dirección Nacional del Antártico, que depende del ministro de Defensa, José Pampuro. El hombre, uno de los cuatro militares que llegaron en el mediodía de ayer al lugar del accidente y recién pudieron comenzaron a operar a partir de las 17, logró bajar unos 50 metros, pero hasta una hora después -hora en que comienza a anochecer- no había encontrado a los hombres perdidos, señalaron diversas fuentes vinculadas a las operaciones. Los rescatistas argentinos del Comando Antártico del Ejército llegaron a las 12 a un afloramiento rocoso que permitió que el helicóptero chileno pudiera posarse luego de buscar minuciosamente un lugar apto que ofreciera cierta seguridad.
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Desde las piedras avanzaron con esquíes hasta la grieta, mediante un equipo de posicionamiento satelital y tardaron más de 45 minutos para recorrer aproximadamente 3.500 metros. En cuanto llegaron -detallaron las fuentes-, para asegurar el descenso a la grieta, fijaron los anclajes de las cuerdas en el hielo y en las motos para nieve que dejaron los rescatados tras el accidente del sábado.
Fue entonces, cuando a partir de las 17, con una temperatura de 22 grados bajo cero, el suboficial principal Luis Cataldo inició el descenso al interior de la grieta, bajó a una profundidad de 50 metros, pero en el trayecto no observó ningún elemento que lo llevara a encontrar a los desaparecidos. El vicecomodoro Rubén Lianza, de la base argentina antártica Marambio fue contundente en la explicación: «Lo más preocupante es desde cuántos metros han caído. Sólo cabe esperar un milagro, que haya aparecido un 'balcón' (de hielo) y no hayan caído hasta el fondo, que puede tener hasta 200 metros de profundidad», dijo el militar.
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