¿Qué es lo más y lo menos atractivo de la Feria? Como siempre, el stand de Italia es uno de los más destacados. No sólo en su diseño sino también en su oferta: novelas, ensayos, colecciones de poesía, grabaciones. Se obsequian, además, diarios italianos. En cambio, este año decayó mucho el resto de las representaciones europeas. Francia y Alemania solían tener stands independientes y de buena oferta, pero ahora están aglutinados, junto con otros países de la Unión Europea, en un único stand común.
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Obviamente, el menú se redujo drásticamente. El stand de los libreros españoles ostenta una rica variedad de títulos pero, desafortunadamente, no tiene nada en venta. Hay que contentarse con mirar. El stand del Fondo de Cultura Económica es, posiblemente, uno de los más recomendables de toda la Feria. Se consiguen excelentes ofertas de clásicos de su fondo como «Paideia», o sus Breviarios.
El reingreso de los Estados Unidos con su stand es puramente simbólico, de presencia. Apenas hay unos escasos libros de muestra, todos ellos en español, con el único cometido de cubrir el espacio de los estantes, o presentar algún grupo musical como el Latin Jazz Quartet. Rusia, otro país que este año volvió a la Feria, tiene sólo ofertas en ruso, empleados un tanto atemorizantes, y al menos algunas agradables miniaturas bibliófilas.
Confinados
Es patético el pasillo lateral donde han confinado a los stands de Rusia, las academias, la UBA y algunas provincias, como Jujuy. Parece un mercado de pulgas, o un mal mercado persa. El de la Facultad de Filosofía y Letras es un retratode la decadencia de la Universidad argentina. Unos pocos folletos viejos, unas impresiones en rotaprint, ningún tema ni autor interesante o de actualidad, tampoco de valor académico o científico. Raro en una facultad que mantiene las carreras de Bibliotecología y de Edición, disciplinas sobre las que se basa la actividad editorial que se exhibe en la Feria. Si por el plan Fénix -para algunos hubiera que cerrar la Facultad de Ciencias Económicas, por ese stand habría que cerrar la de Filosofía y Letras. Su nivel no es mejor que el de otros stands igualmente patéticos y, por su pobreza, a veces conmovedores, porque ofrecen cosas que nadie quiere, como el stand de los libros-miniatura, el del esperanto, o el de libros de poesía (también en el pasillo kelper) que mezclan poca buena poesía de todos lados con mucha mala poesía en edición de autor.
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