Los porteños también acosados por perros

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Claudia Villafañe, la ex esposa de Diego Maradona, debió ayer ser atendida por la mordedura que le propinó un perro, cuando corría por los bosques de Palermo.

Rápidamente, la mujer (que estaba sangrando) fue llevada hasta la Clínica de la Trinidad, donde le curaron la herida, y permaneció algunas horas en observación, mientras se intentaba localizar al perro para saber si tenía enfermedades que pudieran complicar la situación. Villafañe se suma a las cerca de treinta personas que por día son mordidas por animales domésticos en la Ciudad de Buenos Aires, gran cantidad producto del descontrol sobre el paseo de los canes, obligados por ley a llevar bozal, entre otras indicaciones.

El accidente reavivó la riña diaria que millones de porteños mantienen en las calles con los perros domésticos, tanto por sus dientes como por sus desperdicios, pero también por la peregrinación a que llevan a los animales sus paseadores.

Varios intentos por frenar el pastosoobstáculo que dejan los canes en las veredas porteñas fracasaron de gestión en gestión.
Fernando de la Rúa quiso impulsar, siendo intendente electo, la colocación de un «chip» en los perros para poder identificarlos y multarlos; Enrique Olivera casi se embarca en la compra masiva de aspiradoras exclusivas para quitar de las aceras la suciedad de las mascotas y hasta Aníbal Ibarra les dedicó una pomposa campaña publicitaria: «Tu perro, tu caca», que no llegó a aflojar el corazón de los tenedores de estos animales domésticos.

• Convivencia

Ese obstáculo diario ya es parte de la convivencia de los vecinos de la Ciudad, que fruncen más el rostro tras una lluvia a pesar de artimañas para desalentar los paseos de perros, como el enrejado de algunas plazas porteñas o el reducto mal oliente llamado canil en diversos espacios verdes, o el tacho especial para esa materia, que en verano, por caso, despide junto a los juegos de los niños un aroma inolvidable. Ni qué decir de los areneros infantiles, donde a escondidas los dueños de sus pichichos, mirando para otro lado, dejan a la mano de los pequeños todo tipo de generadores de graves enfermedades.

Pero los canes tienen ley que tampoco cumplen. Ya en 1991 con la firma del ex intendente
Carlos Grosso y de su funcionario de entonces, Fernando Melillo, se creó un registro de paseadores. Después, en la era Ibarra, esa ordenanza se convirtió en ley y hasta los paseadores se animaron a una batucada para protestar ante el destituido jefe de Gobierno por la poca cantidad de mascotas que se les permite pasear a la vez: ocho.

Sin poder modificar ese ( finalmente arbitrario) límite, burlarlo no es difícil. En principio, nadie multa a los paseadores que no cumplen con las reglas y pocos se atreverían a llamar a la Policía Federal para que los detengan por infracción. Entonces, un ardid es llevar ocho perros con sus correspondientes correas, pero dejar, si hace falta, algunos sueltos, casi como acompañantes. El incidente de ayer con la ex esposa de Diego Maradona pudo haber sido protagonizado por uno de estos perros sueltos.

La norma para el paseo de perros indica que quienes los lleven
«estarán obligados a recoger las deyecciones de los animales; a tal efecto deberán proveerse de una escobilla y una bolsa de residuos o cualquier otro elemento apto para la recolección». Por cierto, el apartado se remite a otra vieja ordenanza, de 1987, suscripta por el ex intendente Facundo Suárez Lastra.

Hasta para gatos, además de perros,
«Facundito» obligó el uso del petral o de bozal.

De acuerdo con la ley
vigente,«los perros no podrán permanecer atados a árboles, monumentos públicos, postes de señalización ni mobiliario urbano», mientras que «los propietarios, tenedores o paseadores podrán pasear hasta un máximo de ocho perros en forma simultánea».

Lo cierto es que norma más o norma menos, los transeúntes permanecen indefensos -como Villafañe ayer- ante las mascotas ajenas.

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