14 de marzo 2008 - 00:00

Mucho detalle en la ropa y poco cuidado en la casa

Cristina de Kirchner junto al gobernador de Salta, Juan ManuelUrtubey.
Cristina de Kirchner junto al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
Una siempre describe y opina sobre el vestuario de Cristina de Kirchner. Pero ella, además, vive en una casa, ocupa un despacho y, por lo menos, debiera ocuparse no sólo de su ropa, sino de lo que expresa su alrededor. Por ejemplo, los arreglos florales en la Casa Rosada, pensados más para el cementerio de la Chacarita o una casa de sepelios que un sitio de gobierno. Todos son iguales, siempre, redondos, compactos, con base de follaje de azarero (vibernum tinus)y pimpollos de rosas, mezclados con poca gracia con algún teurcrum o florcita insulsa. ¿Nunca ha visto la Presidente otras decoraciones, los flowers-arrangers que se especializan en el Duhau, el Four Seasons, el Caesar o el Sofitel de Arroyo (ni pensar en lo aburrido del Alvear)? Tan atenta a ciertos cuidados femeninos, Cristina debería horrorizarse del arreglo que preside su escritorio o que acompaña ciertas reuniones; nadie mejor que ella para saber que llegó el fin de la armonía en los centros florales, que la moda es la provocación sugerente de lo que es el ikebana, la escultura simbólica o el arte abstracto. Hasta no le vendría mal adentrarse en el ensayo sobre la fealdad de Umberto Ecco para cambiar no tanto lo que lleva puesto, sino lo que la rodea (y no se habla de los ministros, claro, en ciertos casos verdaderos artefactos florales).

No sólo ropa, aunque en la semana ella se exhibió afuera, en Venezuela y en la Cumbre de Santo Domingo. Hubo vestuario apropiado, pero antes de revelar, interesa una opinión. Francisco Ayala, reconocido diseñador, quizás influido por los discursos vernáculos de los mandatarios, soltó un criterio -promover más lo autóctono-que suena a recomendación. Puede una no compartir, pero al menos escucha.

De acuerdo con su gusto, Ayala reemplazaría «algunos de los tan polémicos estampados por nuevos diseños de antiguas iconografías precolombinas (sin intentar emular a Evo Morales) o por motivos criollos que podría convertir en emblemas de elegancia. Si yo la vistiera, le diría que deje de lado los estampados de la temporada anterior europea, y los modelos copiados de Chanel, y aprovecharía para impulsar una industria de la moda nacional con diseños locales y verdadera identidad». Así, el experto se entregó a un repaso de los modelos de Cristina en la última semana.
El viernes en la Cumbre del Grupo Rio, un vestido de crepe recto a la rodilla, sin mangas, con cuello a la base color celeste pastel, que acompañó con una casaca al tono, a la cintura, abierta, de mangas largas y sin solapa, y zapatos estiletos engamados. «Tanto el modelo como la paleta elegida le sentaban muy bien, porque la integraba con mucha sutileza al grupo de primeros mandatarios, sin caer en las estridencias corales de su par chilena. Además, tomando prestado el título del libro de Diana Avellaneda, es obvio que «Debajo del vestido» Cristina Fernández es dueña de una figura privilegiada que le asegura frente a sus pares Bachelet y Merkel mayor atracción y encanto», aseguró el modisto.

El cabello suelto, como siempre peinado con brushing, «acertado para lugares cerrados. Sin embargo, en la jornada siguiente en Entre Ríos, el mismo peinado al aire libre no tenía el mismo efecto, ya que el viento la despeinaba continuamente. Pero hace falta más que una ráfaga para desconcentrarla. No perdió la orientación de discurso, ni siquiera luchando por despejarse el rostro», explicó Ayala.
El lunes, un traje en tejido de punto, con fondo claro y pintas en amarillo, rosa y celeste, y una musculosa. La falda a la rodilla y el saco, mangas largas con frunces en los bolsillos delanteros, con escote in cuore -escote V-y botones de nácar, entallado en la cintura. «El top podría haber sido menos bajo, teniendo en cuenta que se trata de un evento diurno. Le aconsejaría que evitara las prendas demasiado ajustadas, tendencia generalizada en nuestras divas.»

En la ocasión, zapatos de cuero floreado, al tono del traje y para rematar la apariencia casi inocente, un collar y aros de perlas. ¿Alguna novedad? Volvió a usar la pulsera en el tobillo, un accesorio que en nada se relaciona con la formalidad que requiere el estilo presidencial.

El martes repitió el modelo, pero con paleta de azules, en bouclee. Un look coloreado y aniñado, sobre todo por el deflecado en las mangas y bolsillos del saco, que casi parecían plumas. También eligió una blusa de gasa floreada y un collar de perlas con los mismos colores.

El miércoles, una casaca de seda verde pistachio con cuello y puños bordados en realce. El top en rojo carmesí contrastó llamativamente.

Ayer, volvió Cristina a un clásico que la muestra cometía: el vestido chemise estampado, de falda plisada, que como siempre acompañó con un cinturón ancho de cuero en color cereza, igual al saco. «Más allá de la moda, los cinturones anchos acortan la silueta y exageran las caderas», sugirió Ayala y aconsejó: «Sería ideal que adoptara las faldas cortadas con gajos, manteniendo el vuelo sólo en el ruedo, achicando así el volumen en las caderas».

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