23 de mayo 2008 - 00:00
Otra Cristina se viste y luce en el exterior
-
Cuándo cobro ANSES: jubilados, AUH, desempleo y el resto de las prestaciones del lunes 6 de abril
-
Alerta por ciclogénesis en el AMBA: advierten por lluvias fuertes durante 48 horas
Una semana de desaciertos y repeticiones en la vestimenta
de Cristina de Kirchner. Demasiado fashion, pero poca
formalidad.
«Las últimas tendencias de la moda se inclinan hacia ruedos más largos», explico Alfie para justificar el largo modernoso de Cristina. A su vez, para combinar, los zapatos stilettos que tanto la deslumbran, se distinguían por el taco de madera y la gamuza aplicada en un gris degradé. Se engamaron, claro, con una cartera tubo en peltre y una cadena colgante. Channel, por supuesto. Y no comprada a los africanos que las venden en las calles de Europa.
Insistió también con el conocido medallón de plata con una piedra blanca en el centro y sus pendientes con brillantes, complemento final de un glamoroso outfit que bien podría haber servido para Hollywood. Ninguno podrá negar que en el exterior a Cristina la van a castigar por no enterarse de los últimos gritos de la moda. No fue lo único en la semana. El sábado, insistió con los grises, pero más oscuros todavía, en un traje de saco tipo smoking y pantalón, con finas rayas, que combinó con una blusa de seda en rojo carmesí, como para alegrarse un poco, pero la diseñadora asegura que fue otro error.
«El rojo es un color muy fuerte, que le endurece los rasgos. Aparte lo llevó también en los zapatos y cartera. El evento requería formalidad, que hubiera logrado con una camisa blanca», señaló la experta.
Fue en la reunión con presidentes, que combinó el look «femme dandy» -un must de esta temporada- con un toque chic: gargantilla de plata con piedras rojas y aros con dos perlas a tono que poco tenían que ver con el infaltable Rolex de oro amarillo. Pero para la diseñadora, si bien el estilo es moderno, «se veía demasiado masculina. Una falda hubiera sido más apropiada para realzar su femineidad en un encuentro con otros mandatarios».
Hasta descuidó el cabello ese sábado en Lima, con el flequillo revuelto, un detalle inadmisible, digno de una adolescente.
El lunes, ya en Buenos Aires, vistió el mismo tailleur cuadrillé en blanco y rosa, que había estrenado el 6 de marzo pasado cuando visitó Venezuela para encontrarse con su par Hugo Chávez, aunque para esta ocasión prefirió combinarlo con un top ajustado fruncido en el escote y no la camisa que usó en aquella ocasión.
También el medallón de oro blanco fue el mismo. «Es el look que mejor le queda. Los colores claros le sientan bien. Estaba impecable y es correcto que repita», opinó Alfie.
El martes experimentó con los tonos morados. Por la mañana, para visitar Campana, un pantalón de color uva, el mismo que había estrenado en Santa Cruz el 30 de abril pasado y que esta vez combinó con camisa blanca y saco de cuero violeta.
«Las prendas por separado son interesantes, pero la combinación de sus texturas es poco apropiada. No se ve femenina y el saco de cuero ya casi no se usa», señaló la especialista en moda. No faltó el bolso cuadrado tipo Hermés y un pañuelo estampado de seda. Este último accesorio, según Alfie, fue inapropiado, sobre todo por la forma en que lo llevaba. «El pañuelo al cuello siempre debe ir anudado, no estilo cowboy como lo tenía ella».
Más tarde, la misma gama para un vestido al cuerpo de shantú cuadrillé y mangas largas, que completó con gargantilla de oro amarillo. «Otro exceso. El vestido chemise le sentaba muy bien. No era necesaria la gargantilla tan llamativa», aclaró Alfie.
El miércoles, vestido cremita, estampado en verdes secos, de falda plisada. Un modelo moderno, que según la diseñadora «es ideal para resaltar sus curvas», pero la traicionó el viento que le levantaba el ruedo descubriendo la parte superior de sus piernas, pero sin llegar a lo indiscreto. Una postal que recordó la escena protagonizada por Kelly LeBrock en el film «Una chica al rojo vivo», aunque no tan exagerado, claro. Casi ruborizada, la Presidente se distrajo de su discurso y focalizó su atención en evitar que se levantara aún más el vestido, cual Marilyn Monroe, sosteniéndose con ambas manos la falda, hasta que terminó el acto. Tal vez, para este evento los pantalones hubieran sido una mejor elección. ¿Algo nuevo? Sí, recurrió otra vez al abanico ante el calor agobiante y se cortó el cabello, aunque sólo la primera capa del rebajado, lo que le quitó un poco de volumen, pero le emprolijó el peinado.
«El abanico es un accesorio pasado de moda. Podría haber evitado usarlo y su look hubiera sido perfecto», consideró Alfie. Pero, finalmente, ¿qué hace una mujer que se resiste al calor, al agobio de la transpiración? Viejo o nuevo, lo que sirve no se desprecia.


Dejá tu comentario