Varias ciudades de todo el mundo, entre las que se encuentran Nueva York y Roma, recomiendan beber agua de la canilla porque la embotellada es una manera de contaminar.
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La iniciativa surgió tras el acuerdo de varias organizaciones protectoras del medioambiente que detectaron que cuatro de cada cinco botellas de agua de plástico terminan tiradas en el campo y, además, su producción contribuye al calentamiento global.
En Estados Unidos, ciudades como Salt Lake City se han sumado ya a la campaña iniciada por Nueva York. En estados como California el agua del grifo es la única posibilidad en restaurantes y bares.
Roma también se ha sumado a la iniciativa y ha hecho públicas las recomendaciones contra el consumo de agua mineral embotellada con una campaña clara y concisa: "No bebáis de la botella, contamina".
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