Carlos Leiva, el confeso asesino de Gisella Vallejos, una chica de 18 años que fue estrangulada en un descampado de Pilar en 2000 y por cuyo crimen estuvo detenido 24 meses un remisero que era inocente, fue condenado ayer a 14 años de prisión como autor del crimen.
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Las primeras testigos en declarar fueron las amigas con las que Gisella fue a bailar al Toro Bar, de Pilar, la noche que desapareció, quienes explicaron que la última vez que la vieron con vida fue en compañía de su pareja de ese entonces, Agustín Di Capua.
Di Capua, quien en algún momento fue sospechoso en la causa, también dio su testimonio y dijo que, si bien tenía relaciones con Gisella, no era su novio y reconoció que fueron juntos a un predio en el centro de Pilar, pero que después la dejó porque ella quería quedarse sola.
Las pericias psiquiátricas determinaron que Leiva, al margen de tener «rasgos psicopáticos», es imputable, que tuvo un pasado como adicto -razón por la que estuvo internado en una colonia en Pilar-, y reconoció que anteriormente había sido víctima de violación.
La madre de la víctima, Susana Aguiar, aseguró estar conforme con la condena, aunque no con la pena impuesta: « Nosotros habíamos pedido 25 años. Nos parece poco 14. Sin embargo, por lo menos lo condenaron, ya que corríamos el riesgo de que lo declararan inimputable, pues la defensa lo quiso hacer pasar por loco durante todo el juicio».
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