El gobierno
aplica una
pedagogía
singular
sobre los
cadetes
navales. En
el viaje de
instrucción
de la fragata
Libertad los
sometieron
a un
discurso
chavista y
otro de un
funcionario
sobre
atrocidades
de la Esma.
Y les
prohibieron
ir a hacer
turismo en
Londres.
Llegaron
hasta
Irlanda, no
más.
El comandante de la fragata Libertad prohibió a la dotación del buque escuela visitar Gran Bretaña. En otros puertos, el velero fue escenario de esgrima política entre Venezuela y los Estados Unidos. Y hasta de adoctrinamiento setentista. Sorprendió la directiva a los oficiales y cadetes criollos, ni hablar de los becados extranjeros, que, obvio, quedaron fuera del alcance de una orden cuyo origen es el hielo en la relación del gobierno nacional con el Reino Unido. Entre el 16 y el 26 de junio, el velero escuela visitó las ciudades de Galway y Dublín, capital de la República de Irlanda. Fueron 10 días de intensas actividades protocolares porque coincidieron con el festejo del 230º aniversario del nacimiento del almirante Guillermo Brown. El jefe naval, Jorge Godoy, presidió en Dublín el homenaje al fundador de la Armada Argentina. En el acto estuvieron, entre otras autoridades,el intendente del Condado de Mayo, Gerry Coyle; el encargado de negocios de la embajada argentina en Irlanda, Federico Guillermo Urrutia; altos oficiales del Servicio Naval Irlandés, y el agregado de Defensa, capitán de navío Carlos Castro Madero. Al término de la ceremonia, Godoy se retiró del buque escuela y antes de concederles el día libre a los marinos, el capitán Pablo Vignolles, comandante del velero, impartió la directiva de evitar el turismo en Gran Bretaña.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A Londres por avión se llega en 50 minutos, mientras por ferry se tardan ocho horas en cubrir el trayecto Dublín-Liverpool, ícono de la juventud que busca experimentar la mística rockera de los Beatles. Los jóvenes marinos no comprendieron la esencia de la orden que, de alguna manera, contradice lazos históricos con sus pares británicos. Si hasta a diario escuchan que en la jerga naval se los llame «michi», deformación fonética de la palabra inglesa «midshipman», que significa guardiamarina.
Ya se había manifestado la oposición del gobierno a cualquier contacto de los marineros con el Reino Unido. La Cancillería instruyó a Nilda Garré para que Londres no fuera puerto de escala en el viaje de instrucción. El jefe naval Godoy aceptó inclusive que no se cumpliera con el programa de intercambio de oficiales. Y se cancelaron las invitaciones a oficiales femeninas británicas que iban a navegar en la Libertad. Las recomendaciones diplomáticas de endurecer los gestos hacia los británicos fueron comunicadas por el vicecanciller, Roberto García Moritán, quien mantiene diálogo directo con la jefa castrense. ¿Será parte de su estrategia de lobby para alcanzar la embajada del país en Londres?
El periplo naval ya había contado con una minicrisis verbal entre el bolivariano Hugo Chávez y la administración norteamericana, retenida al conocimiento público por el cerrado ambiente de a bordo. El presidentede Venezuela visitó la fragatadurante su escala en La Guaira. Con la tripulación formada en cubierta y los gavieros rindiendo honores, el bolivariano se despachó contra «el imperialismo yanqui» como si se tratase de aquella parrafada que dio contra George Bush en la anticumbre de Mar del Plata. Claro que los oyentes no eran « organizaciones sociales», sino jóvenes marinos que recibieron un curso rápido de política regional antinorteamericana de un amigo del gobierno y socio del Mercosur. Eso sin contar que los custodios de Chávez sometieron al navío (en su interior y exterior) a una inspección de seguridad que se diría vulneró hasta el pudor de los tripulantes. La diatriba debe de haber llegado a oídos de la administración estadounidenseporque a su llegada al puerto de Baltimore la nave de la Armada fue visitada por Thomas Shannon, subsecretario de Asuntos para Latinoamérica.
Otro disertante que alteró el clima marinero con remembranzas setentistas alejadas del espíritu formativo que tiene el viaje fue el embajador Carlos Bettini. En el arribo a Cádiz arengó a los jóvenes navales con pasajes de su desgracia por la desaparición de familiares, evocó a los 30.000 desaparecidos, número por cierto oprobioso, pero aun discutido en el «Nunca Más» y enrostró el terrorismo de Estado practicado desde la Escuela de Mecánica de la Armada. Como manda la tradición militar, cuando los efectivos están formados no se aplaude. Al igual que Shannon, ignoraron la carnada.
Dejá tu comentario