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3 de agosto 2026 - 14:00

Radiografía del cerebro argentino: confianza alta, pero con malos hábitos y alerta por la salud mental

Un reciente estudio plantea que el cerebro es un activo estratégico para el desarrollo económico y social. Sin embargo, advierte que el potencial de los argentinos se ve limitado por problemas de salud mental.

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Un informe de la Universidad Siglo 21 reveló que los argentinos mantienen una alta confianza en su capacidad para aprender y adaptarse, pero exhiben déficits en actividad física, sueño, alimentación y salud mental, factores clave para desarrollar el denominado "capital cerebral". 

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Aunque la mayoría de los argentinos cree que tiene capacidad para aprender, concentrarse y adaptarse a los cambios, esa fortaleza convive con una realidad menos alentadora: la actividad física, el descanso y la alimentación saludable se encuentran por debajo de los niveles recomendados. Esa es una de las principales conclusiones de una reciente investigación que puso el foco en el cuidado del cerebro, clave para la vida y el desarrollo individual y colectivo de las personas.

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Los datos del primer informe sobre capital cerebral elaborado por el Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, de la Universidad Siglo 21, surgen tras el relevamiento de una muestra de más de 1.050 personas de siete ciudades del país, muestra que el 70% de los encuestados confía en su capacidad para aprender cosas nuevas, el 65% considera que puede concentrarse fácilmente y el 56% cree que logra adaptarse a los cambios. Sin embargo, esos indicadores contrastan con hábitos que afectan directamente la salud cerebral: apenas el 24% realiza la actividad física semanal recomendada por la Organización Mundial de la Salud, el 47% duerme menos de siete horas por noche y solo el 29% consume frutas y verduras todos los días.

Los argentinos confían en su capacidad para aprender, pero descuidan los hábitos que cuidan el cerebro

El estudio también pone el foco en la salud mental. Solo el 53% de los consultados calificó como buena su salud mental durante el último mes, mientras que el resto la definió como regular, mala o muy mala. Para la directora del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, Fátima González Palau, los hábitos representan el componente "más débil" del capital cerebral argentino, aunque también el más fácil de modificar mediante políticas públicas y cambios individuales sostenidos.

Otro dato relevante es que las diferencias más marcadas aparecen según el nivel educativo y socioeconómico. Las personas con mayores ingresos y estudios universitarios muestran mejores niveles de acceso al aprendizaje continuo, mejor percepción de su salud mental y mayor apoyo social.

Quienes tienen estudios universitarios presentan mejores indicadores de actividad física (29% contra 17%), consumen más frutas y verduras todos los días (37% contra 15%) y tienen mayor acceso al aprendizaje continuo (65% frente a 34%).

En cambio, el déficit de sueño atraviesa prácticamente a todos los grupos, mientras que la alimentación saludable y la actividad física mejoran a medida que aumenta el nivel educativo.

El informe concluye que Argentina cuenta con una base sólida de capital cerebral porque la población confía en sus capacidades, pero advierte que ese potencial corre el riesgo de desperdiciarse si no se fortalecen las condiciones que lo sostienen. Para los investigadores, invertir en educación, salud mental y hábitos saludables no solo tiene impacto sobre el bienestar de las personas, sino también sobre la productividad, la innovación y el desarrollo económico del país.

La salud mental emerge como la principal señal de alerta

Si bien el informe muestra que la mayoría de los argentinos mantiene una percepción positiva sobre sus capacidades cognitivas, la salud mental aparece como el punto más preocupante del diagnóstico. Apenas el 53% de los encuestados calificó como "buena" su salud mental durante el último mes, mientras que el 47% restante la definió como regular, mala o muy mala. Los investigadores aclaran que se trata de una percepción subjetiva y no de un diagnóstico clínico, pero advierten que constituye una señal de alerta sobre el bienestar emocional de la población.

La preocupación se acentúa entre los más jóvenes. El estudio detectó que las personas de entre 18 y 29 años son quienes reportan la menor percepción positiva de su salud mental, pese a ser el grupo que más respaldo dice recibir de su entorno. Para los especialistas, esto refleja que el apoyo social, aunque es un factor protector, no alcanza por sí solo para compensar otras fuentes de malestar como la incertidumbre laboral, las presiones personales y las dificultades para acceder a espacios de atención profesional.

Dormir poco es un problema que atraviesa a todos los sectores sociales

El descanso insuficiente aparece como uno de los problemas más extendidos del capital cerebral argentino. El informe señala que casi la mitad de los argentinos (47%) duerme menos de siete horas por noche, un piso considerado mínimo por la Organización Mundial de la Salud para los adultos. A diferencia de otros indicadores vinculados con la alimentación o la actividad física, el déficit de sueño no distingue entre niveles de ingresos ni de educación.

Los investigadores destacan que el sueño ocupa un lugar central dentro del concepto de capital cerebral porque impacta de forma directa sobre la memoria, la capacidad de aprendizaje, la concentración, el estado de ánimo y la productividad. Por eso, consideran que mejorar los hábitos de descanso representa una de las intervenciones más sencillas y de mayor impacto para fortalecer la salud cerebral de la población, junto con el ejercicio físico y una alimentación saludable.

El cerebro como un activo económico para el desarrollo

Más allá de las estadísticas sobre hábitos y salud mental, el informe introduce un concepto que empieza a ganar espacio en organismos internacionales y centros de investigación: el capital cerebral. La idea propone considerar a las capacidades cognitivas, el bienestar emocional y la salud cerebral como un activo estratégico para el desarrollo de un país, al mismo nivel que otros recursos económicos o el capital humano. Invertir en ese capital, sostienen los autores, genera retornos en productividad, innovación, aprendizaje y calidad de vida.

En ese sentido, el estudio sostiene que Argentina cuenta con una base favorable, ya que la mayoría de las personas confía en su capacidad para aprender, concentrarse y adaptarse a los cambios. Sin embargo, advierte que ese potencial puede desaprovecharse si no mejoran las condiciones que permiten desarrollarlo, como el acceso a la educación, el cuidado de la salud mental y la adopción de hábitos saludables. Para los investigadores, fortalecer el capital cerebral no es únicamente un desafío sanitario o educativo, sino también una política de desarrollo económico y social de largo plazo.

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