Rosario: el dolor de rescatistas tras el operativo

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Un grupo de 25 rescatistas que participaron hasta este lunes de las tareas de recuperación de las víctimas de la explosión en un edificio de Rosario arribaron al aeroparque metropolitano "con dolor por no haber hallado a nadie con vida", aunque "satisfechos" por la tarea realizada.

Los 23 rescatistas, integrantes del Grupo Especial de Rescate (GER), y dos miembros de la división de Detección y Adiestramiento de canes llegaron al sector militar del aeroparque Jorge Newbery a bordo de dos aeronaves de la Prefectura Naval y fueron recibidos por el secretario de Seguridad nacional, Sergio Berni.

El grupo de rescatistas estuvo a cargo del comisario Ángel Poidomani, jefe del GER, quien señaló que "ni bien llegamos a Rosario con los 25 hombres y las 400 toneladas de equipo, sabíamos con lo que nos íbamos a encontrar" y señaló que "algunos de estos hombres ya tenían experiencia por haber operado en otros siniestros, pero para otros era su primer trabajo".

Poidomani, un veterano que participó de las tareas de rescate en la AMIA, dijo que en Rosario "se puso de manifiesto el profesionalismo de todos, la respuesta a los cursos de capacitación y al entrenamiento que se realiza para estar preparados para este tipo de circunstancia".

"Nosotros somos rescatistas y desde el minuto cero, trabajamos para encontrar sobrevivientes, realmente no esperábamos que todos estuviesen muertos, pero aún así nuestra misión no termina hasta que encontramos el último cuerpo", explicó.

Poidomani admitió que "tuvimos una serie de emociones encontradas: por un lado el dolor de no haber hallado a nadie con vida y por el otro la satisfacción de haber recuperado todos los cuerpos de una montaña de escombros".

El bombero destacó además "la emoción por cómo nos trataron los rosarinos, haciéndonos sentir en todo momento como si estuviésemos en nuestra casa, lo que se vio reflejado en el saludo y agradecimiento de la madre de la última víctima que rescatamos y de la manera en que nos despidieron anoche".

Poidomani apuntó que "fue una tarea muy difícil, ya que debimos operar con un edificio en peligro de derrumbe y en un segundo subsuelo con riesgo de colapso, como sucedió en una ocasión y que nos obligó a evacuar el lugar".

"Sabíamos -recalcó- que los cuerpos no estarían ubicados de manera lógica, porque antes del derrumbe hubo una explosión y eso hizo que la onda expansiva desparramara a las víctimas.

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