La intemperancia desatada en el país agrega ingredientes a la tradicional agresividad de los argentinos. No sepuede debatir, como lo experimentaron Marcos Aguinis, Juan José Sebrelli y otros 3 penalistas que ingenuamente creyeron que el jueves se reunían para debatir -¡oh, ingenuidad en esta época!- los 3 fusilamientos y 75 detenidos hace un año en Cuba por la tiranía de Fidel Castr o. Al Congreso le cuesta sesionar, a los automovilistas circular, a peatones como Roberto Alemann caminar con libertad por la calle.
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Si a nadie la izquierda o los piqueteros dejan hablar o transitar ¿por qué los travestis (fotos) iban a permitir que se realizara pacífica y civilizadamente una audiencia pública en el Teatro Municipal San Martín ayer para oír voces en un debate de refor- ma del Código de Convivencia Urbana? Por temor a ser agredidos los opinantes en su mayoría se abstuvieron de ir porque los travestis no quieren variantes a las normas de oferta callejera de sexo que afecta a algunos vecinos. Podría haber salido una propuesta más racional a su oficio como fijar «zonas rojas», que en realidad las hay en la Ciudad pero no especificadas, lo cual hace su tarea ilegal y expuesta a multas y extorsiones.
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