18 de abril 2008 - 00:00
Una Cristina recargada
Produjo el campo impactos varios: la peor crisis del matrimonio en el poder, más inflación y un eficaz método de protesta (cortes, piquetes, desabastecimiento) que no se les reconocía a los opositores. Ni que, por el momento, se sepa cómo neutralizar. También, en estos 40 días, esa convulsión del agro conmovió la habitual uniformidad del vestuario presidencial: insistencia con el cabello recogido, con un rodete que la corona -casi nunca lo había usado en los primeros 100 días de gobierno-, una simplificación porque no hay tiempo para el estilista o, tal vez, un disgusto con el estilista. Además, con escasa alegría, la señora habilitó ayer collares de oro y brillantes, pesados, tentadores para ser birlados en el conurbano. Deben esos atributos, quizá, provocar sensaciones de seguridad en quien los utiliza. Otra señal de disturbio estético fue la combinación tibetana, naranja zapallo en la falda, con chaqueta de brocato brillosa en rojo bermellón y púrpura, mostrada en la víspera, un modelo exigente para otro tipo de figuras. Como si en este caso tampoco hubiera tiempo para elegir lo que más conviene. Comentan las mujeres, algunas especializadas, que tampoco favorece a la mandataria la pertinacia recargada de su maquillaje, ostensible quizá desde que visitó Francia, sobre todo, en el dibujo de sus ojos. Puede servirse de esa protección, tal vez no sea lo que mejor le sienta. Por otra parte, le depara observaciones obvias en dibujantes como el objetado Sábat (por el gobierno), quien, en todo caso, peca más por retratarla como una femme fatale, que no es por el exceso de aditamentos en el rostro, que por la aplicación de una curita en su boca. Por suerte, las crisis suelen ser pasajeras.
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La especialista en moda calificó el estilo presidencial como «fashionista (quiere estar a la moda, pero exagera las tendencias) y a la vez, pasado de moda, muy barroco», y explicó a Ambito Financiero que todo el look Cristina es muy cargado.
En un breve repaso por los modelos elegidos por la Presidente, surgió otra cuestión. Con su cabello cada vez más cobrizo, la elección de los colores de sus prendas no debería dejarse librado al azar.
«Con el cabello de ese tono, tan subido, tendría que evitar la paleta de los magenta, las texturas labradas y brillosas, los brocato y los tonos turquesa, que no van para una Presidente», resaltó Bianchi. En los últimos días, Cristina eligió esas mismas texturas y colores, aunque según la especialista los tonos sobrios, como los grises y crudos que vistió en París, son los que más la favorecen.
«La vestimenta influye en cómo te ven y tratan los demás. Ella que quiere imponer autoridad con sus discursos, debería darse cuentaque con el estilo tan poco depurado le quita seriedad».
No coincide en este punto, la exclusiva maquilladora Mabby Autino. «Se nota que está en los detalles, cejas, pestañas, pómulos, delineado de labios. Es coqueta y le gusta la moda. Es una mujer con personalidad fuerte y sexi. No me la imagino a cara lavada con un look súper natural. Acompaña su estilo al tipo de mujer que es.»
La novedad de la semana fue el peinado que estrenó el lunes pasado, cuando dejó el brushing de lado y optó por el alisado de la planchita.
Además, se mostró con nuevo flequillo, más voluminoso, parecido al de la modelo devenida en periodista Naomi Campbell, la única con la que la Presidente se dejó entrevistar en dos oportunidades.
En relación con los accesorios, Bianchi considera adecuado la elección de la monocronía (zapatos, cartera y vestimenta engamados) y las joyas de oro amarillo. «Su color de cabello y piel quedan muy bien con detalles dorados.» Sin embargo, resaltó que los cinturones anchos, como el que eligió el martes no la favorece.




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