Una Cristina recargada

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Produjo el campo impactos varios: la peor crisis del matrimonio en el poder, más inflación y un eficaz método de protesta (cortes, piquetes, desabastecimiento) que no se les reconocía a los opositores. Ni que, por el momento, se sepa cómo neutralizar. También, en estos 40 días, esa convulsión del agro conmovió la habitual uniformidad del vestuario presidencial: insistencia con el cabello recogido, con un rodete que la corona -casi nunca lo había usado en los primeros 100 días de gobierno-, una simplificación porque no hay tiempo para el estilista o, tal vez, un disgusto con el estilista. Además, con escasa alegría, la señora habilitó ayer collares de oro y brillantes, pesados, tentadores para ser birlados en el conurbano. Deben esos atributos, quizá, provocar sensaciones de seguridad en quien los utiliza. Otra señal de disturbio estético fue la combinación tibetana, naranja zapallo en la falda, con chaqueta de brocato brillosa en rojo bermellón y púrpura, mostrada en la víspera, un modelo exigente para otro tipo de figuras. Como si en este caso tampoco hubiera tiempo para elegir lo que más conviene. Comentan las mujeres, algunas especializadas, que tampoco favorece a la mandataria la pertinacia recargada de su maquillaje, ostensible quizá desde que visitó Francia, sobre todo, en el dibujo de sus ojos. Puede servirse de esa protección, tal vez no sea lo que mejor le sienta. Por otra parte, le depara observaciones obvias en dibujantes como el objetado Sábat (por el gobierno), quien, en todo caso, peca más por retratarla como una femme fatale, que no es por el exceso de aditamentos en el rostro, que por la aplicación de una curita en su boca. Por suerte, las crisis suelen ser pasajeras.

Lo más envidiable del vestuario de Cristina de Kirchner es quizás el alivio del cotidiano «qué me pongo», ya que la dama, a pesar de la variedad en su vestidor, se deja llevar por el armado de su asistente. Pero, no es fácil para la Presidente manejar otros aspectos que desvelan no tanto a los diseñadores como a los estilistas. Ese cabello sobre el que no resiste sugerencias y ese maquillaje sobrecargado que luce desde su adolescencia. Son detalles importantes, pero Cristina evidentemente no está convencida sobre la armonía del rouge y el rímel con el color de las mechas y la ropa.

Pareciera que la Presidente pertenece al grupo de mujeres que no comprenden las ventajas de la teoría de lavar la cara para suavizar los rasgos, como aconsejan los expertos. Esta semana se mostró con más base facial que en las anteriores. Se entretuvo con buena parte de la paleta de sombras y labiales.

Ella, que se confiesa una fashion victim, que sigue de cerca los nuevos gritos de la moda, no logra abandonar ese rasgo «retro» que le produce el delineador. Y menos, claro, ajustar la batería de cosméticos al paso de los años.

El look que hoy tiene, pareciera estar inspirado en Brigitte Bardot o Sofía Loren, quienes siempre se preocuparon por resaltar sus ojos y labios, pero claro, en función de sus protagónicos.

  • Artificial

    «El maquillaje la apaga, la endurece. Es artificial, debería tener en cuenta que menos es más. Lo ideal sería que elija un look más natural, el que tiene actualmente es agresivo. Sus labios, por ejemplo, al ser grandes, no deberían llevar brillo, porque le da un aspecto grotesco. Le diría que escoja lápices labiales opacos en la gama de los beige y rosados», opinó la diseñadora de alta costura, Agostina Bianchi. Con respecto a este último aspecto, esta semana muchos creyeron que Cristina de Kirchner se había realizado algún retoque, una dosis de botox, en sus labios que se mostraron más voluminosos. Pero, logró ese efecto delineándolos con un tono bastante más oscuro que el del rouge.

    La especialista en moda calificó el estilo presidencial como «fashionista (quiere estar a la moda, pero exagera las tendencias) y a la vez, pasado de moda, muy barroco», y explicó a Ambito Financiero que todo el look Cristina es muy cargado.

  • Cabello

    En un breve repaso por los modelos elegidos por la Presidente, surgió otra cuestión. Con su cabello cada vez más cobrizo, la elección de los colores de sus prendas no debería dejarse librado al azar.

    «Con el cabello de ese tono, tan subido, tendría que evitar la paleta de los magenta, las texturas labradas y brillosas, los brocato y los tonos turquesa, que no van para una Presidente», resaltó Bianchi. En los últimos días, Cristina eligió esas mismas texturas y colores, aunque según la especialista los tonos sobrios, como los grises y crudos que vistió en París, son los que más la favorecen.

    «La vestimenta influye en cómo te ven y tratan los demás. Ella que quiere imponer autoridad con sus discursos, debería darse cuentaque con el estilo tan poco depurado le quita seriedad».

  • Personalidad

    No coincide en este punto, la exclusiva maquilladora Mabby Autino. «Se nota que está en los detalles, cejas, pestañas, pómulos, delineado de labios. Es coqueta y le gusta la moda. Es una mujer con personalidad fuerte y sexi. No me la imagino a cara lavada con un look súper natural. Acompaña su estilo al tipo de mujer que es.»

    La novedad de la semana fue el peinado que estrenó el lunes pasado, cuando dejó el brushing de lado y optó por el alisado de la planchita.

    Además, se mostró con nuevo flequillo, más voluminoso, parecido al de la modelo devenida en periodista Naomi Campbell, la única con la que la Presidente se dejó entrevistar en dos oportunidades.

    En relación con los accesorios, Bianchi considera adecuado la elección de la monocronía (zapatos, cartera y vestimenta engamados) y las joyas de oro amarillo. «Su color de cabello y piel quedan muy bien con detalles dorados.» Sin embargo, resaltó que los cinturones anchos, como el que eligió el martes no la favorece.
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