6 de agosto 2008 - 00:00
Ya 70% de productos que se venden en la Argentina es trucho
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En la feria "La Salada" operan cerca de 6.000 puestos de venta ilegal de ropa, CD, películas, juguetes y relojes, entre otros productos. Es el mercado mayorista más grande del país.
Que los precios sean tan bajos tiene una clara razón: existen productos que provienen del contrabando, de robos de piratas del asfalto y de talleres clandestinos cercanos a la feria. Según datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, casi 50% de las vestimentas que se venden en la Argentina es falsificado.
El año pasado, dicha feria fue identificada por la Unión Europea (UE) como un emblema mundial del comercio y la producción de mercadería falsificada.
Siguiendo con todo lo «trucho» que convive cotidianamente a nuestro alrededor, la falta de monedas en el mercado propició la falsificación, lo cual complicó aun más la situación. «La aparición de monedas falsas empezó a evidenciarse desde que comenzó la escasez», destacó el titular de la Cámara de Supermercados de Residentes Chinos.
Se cree que las monedas son sacadas de circulación por organizaciones delictivas que explotan el material con el que se acuñan. En 2007, el níquel y el cobre duplicaron su valor.
Hay máquinas expendedoras de café que ya están calibradas para aceptar las monedas falsas. Y suele pasar también que las monedas de 25 centavos aparecen en un vuelto camufladas entre otras de un peso, bastante parecidas.
En cuanto a los billetes falsos, son varios los casos que se registraron en este último tiempo. Sin ir más lejos, semanas atrás, la Policía detuvo a una pareja -que circulaba en un vehículo- en actitud sospechosa y al detenerlos hallaron 265 billetes falsos de 100 pesos.
Es raro que un billete falso pase inadvertido en un banco o en una casa de cambio. Allí generalmente llegan de la mano de una víctima. Y a montones. Los cajeros de las grandes casas de cambio del microcentro rechazan entre mil y tres mil dólares por mes en billetes dudosos, según fuentes del sector.
Con respecto al papel, los billetes originales se hacen con un papel especial, el papel moneda, fabricado en Brasil, que se distribuye con hasta ahora invulnerables normas de seguridad. En el mercado argentino es imposible conseguirlo y los falsificadores están obligados a usar papel ordinario, el que se compra en cualquier librería, al que luego procesan para que se parezca a aquél.
En el caso del rubro electrónico, la tasa de piratería de software aumentó en la Argentina 74% mientras que en Latinoamérica se elevó 68%, casi el doble del promedio mundial de 35%, según un informe divulgado por la firma Business Software Alliance (BSA). El análisis se basó en el consumo y uso de programas informáticos instalados en computadoras personales. También en sistemas operativos, aplicaciones comerciales, juegos de video y finanzas.
También es reiterativo escuchar que circulan miles y miles de medicamento truchos. Uno de los casos más impactantes fue el de una joven que murió años atrás tras recibir una inyección falsificada de hierro en un hospital de Viedma. Hubo otros nueve afectados. Funcionarios y expertos aseguran que el pico de la fabricación ilegal de remedios fue en los 90, pero advierten un nuevo repunte, aunque menor que lo ocurrido años atrás.
La OMS alertó que se trata de un problema mundial, aunque en la Argentina, falsificar remedios no tiene sanción penal.
Sorprende también la cantidad de micros y combis ilegales que circulan entre el conurbano y la Capital. Según datos arrojados por la Comisión Nacional de Víctimas del Transporte Público, el número de vehículos truchos se cuadruplicó en los últimos cuatro años. Así lo confirmó luego de hacer un relevamiento en paradas de vehículos truchos del GBA.
El negocio es hacer la mayor cantidad de viajes posible; los choferes (muy probablemente sin licencia de conductor profesional) exceden las velocidades máximas. La mayoría de las combis no tienen cinturones de seguridad, apoyacabezas ni matafuegos. Además, carecen de seguro. Según la Asociación Civil Luchemos por la Vida, cada vez hay menos controles en la circulación de vehículos truchos y quienes manejan estos transportes acortan el recorrido, tienen paradas truchas y cobran un boleto superior al boleto que el transporte público legal.




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