19 de noviembre 2007 - 00:00

Ya hay campos militares para adictos a Internet

¿Hasta dónde puede llegar un padre desesperado por la adicción de un hijo? A internarlo en una clínica; en Estados Unidos o en Oriente se avanza un paso más: los «campamentos de rehabilitación», verdaderos cuarteles cuasi castrenses en los que los chicos son sometidos a disciplina y a actividades semejantes a un servicio militar. Esto era habitual para los adictos a las drogas, pero ahora en Corea del Sur han descubierto que también se puede aplicar a otro de los vicios de la época: la adicción a Internet.

Los síntomas de esta adicción preocupan porque pueden ser encontrados en casi cualquier hogar argentino: pasar al menos dos horas diarias conectados, imposibilidad de apagar la PC, sesiones on line cada vez más largas. También hay un síndrome de abstinencia: los chicos a los que se les restringe el acceso a Internet muestran signos de irritabilidad (sobre todo contra el adulto que se los impone)o de ansiedad. El síndrome ya tiene un nombre y una sigla: PCU (pathological computer use, o UPC, uso patológico de la computadora). Casi 90% de quienes lo padecen son varones.

Según describe el diario «The New York Times» en su edición de ayer, tutores que recuerdan a los sargentos de instrucción que popularizaron films como «Reto al destino», «Hombres de Honor» o «G.I. Jane» guían a jóvenes y adolescentes a través de jornadas que incluyen carreras de obstáculos y actividades casi totalmente al aire libre para alejarlos de las pantallas a las que están «pegados» hasta 17 horas diarias. Esas jornadas incluyen talleres de cerámica, sesiones de terapia de grupo e individuales y de música, pero el grueso de esos programas de rehabilitación pasa por la instrucción militar.

El lugar -según relata el matutino de Nueva York- se llama Jump Up Internet Rescue School, y es el primero de su clase quizás en todo el planeta; pero atento a cómo crece la adicción a la Web -y si tiene éxito-, seguramente será imitado en otros países. Sin embargo, un cable de la agencia «Reuters» de agosto pasado indica que China ya lanzó su primer «camp» experimental con el mismo propósito, en el que internó a 40 chicos cuyas edades van de los 14 a los 22 años.

La razón por la que este «camp» surgió en Corea del Sur es por ser el país más « cableado» del planeta: 90% de los hogares tiene conexión de Internet por banda ancha, que es baratísima. Como si esto no alcanzara, en casi cada esquina de Seúl y otras ciudades coreanas hay «PC Bang» ( locutorios).

  • Enfermedad mental

    China, por su parte, tiene unos 2,6 millones de usuarios de la red de menos de 18 años, a los que la dura legislación del régimen de Pekín considera «adictos».

    El uso compulsivo de Internet es considerado una enfermedad mental en varios países, incluyendo Estados Unidos, pero es más grave en Corea por la extensión de la conexión a la red. Se llegó a casos de jóvenes que murieron ante la pantalla luego de permanecer semanas enteras «enganchados» a juegos on line, sin consumir alimentos. El síndrome también provoca que los chicos abandonen sus estudios, dejando de ir a la escuela para continuar conectados.
    En Corea del Sur ya tienen una red de 140 de estos centros de rehabilitación, que se agregan a otros programas hospitalarios. El «campamento de rescate» -que así se lo llama- está en medio de un bosque a una hora de auto de la capital, y allí se tratan los casos más severos. El tratamiento es gratuito: el gobierno carga con todos los gastos.

    Durante su estadía allí, los chicos no tienen contacto con computadoras de ninguna clase y sólo pueden hacer una hora de llamadas por celular diarias, para impedir que jueguen on line a través del móvil. También cuenta el «Times»- siguen un estricto programa de ejercicios físicos, cabalgatas grupales y otras similares «destinadas a construir conexiones emocionales con el mundo real» y debilitar las que tienen con el mundo virtual.

    Los chicos, por su parte, tratan de escaparse para buscar la PC más cercana, incluso durante la hora del almuerzo; por eso ahora los tienen bajo constante vigilancia y se los mantiene ocupados «full time» con tareas como limpiar sus cuartos y lavar su propia ropa.

    La gravedad del problema lo ejemplifica el caso de uno de los participantes del programa, de 15 años, que admitió que prefería el mundo virtual al real porque tenía más éxito y le iba mejor con la gente. Sus 17 horas diarias frente a la pantalla transcurrían mirando videos de «animé» japoneses y jugando on line toda la noche, por lo que al día siguiente no iba a clase para poder dormir. Y cuando sus padres lo querían mandar a clase, reaccionaba violentamente. Así, terminó en el campo.

    Después de una larga clase con durísimos ejercicios («es mejor que estar conectado», dijo para la tribuna), este joven paciente cerró el diálogo con el cronista así:

    - Me gusta lo que hago acá; estoy sintiéndome mejor. Creo que cuando vuelva a casa voy a pasar no más de cinco o seis horas frente a la computadora.
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