29 de septiembre 2005 - 00:00

Conjueces dan a la crisis un final abierto

Sienten los senadores que la destitución de Boggiano no está asegurada. La remoción de los jueces que impulsó el gobierno es más que un simple reemplazo de magistrados. La batalla es ideológica y las decisiones que se tomen en ese tribunal afectarán a generaciones enteras.

Sienten los senadores que la destitución de Antonio Boggiano no está asegurada, ni siquiera con el caudal de votos (44 a 12) que ayer se juntó para echar a rodar la cabeza del cortesano. No es una preocupación vulgar. La remoción de los jueces que impulsó el gobierno es más que un simple reemplazo de magistrados. La batalla es ideológica y las decisiones que se tomen en ese tribunal afectarán a generaciones enteras.

Si los conjueces llegaran a materializar el criterio que insinuaron el martes, cuando devolvieron a Boggiano a la Corte Suprema, se derrumbaría todo el andamiaje construido por el gobierno para instalar en la Corte Suprema de Justicia a hombres afines a su pensamiento. A eso le temen los senadores, y a la ira de Kirchner.

• Apelación

Sucede que tras la destitución, Boggiano tiene la posibilidad de apelar la decisión del Senado ante la Corte de conjueces, que deberá resolver si convalida o anula esa decisión. Ya hay dos jueces que dijeron que debía suspenderse ese juicio político. Ergo, no están de acuerdo con enjuiciar a un magistrado por el contenido de su sentencia, postura que podría sumar más adherentes.

Si estos osados conjueces llegaran a considerar que el caso Meller (lo califican como un estornudo en el expediente) no es causal de destitución, la Corte tendría que revocar por «contrario imperio» aquel fallo donde rechazó el recurso de revisión que presentó Eduardo Moliné O'Connor.

Es decir, estos jueces elegidospara casos excepcionales no sólo podrían reponera Boggiano en la Corte, sino también a Moliné O'Connor, que ya llevó su caso a un tribunal internacional.

Para los senadores sería un dolor de cabeza y más que un tirón de orejas del Presidente por tan desprolijo trabajo. Para la comunidad internacional, un escándalo jurídico sin precedentes y una falta total de seguridad jurídica. Con tremendo papelón es poco probable que algún inversor extranjero quiera desarrollarse aquí.

• Hipocresía

Los senadores que pujaban por voltear a Boggiano se ocuparon ayer de dos cuestiones: de identificar al quinto juez (buscaban a un desleal) que votó a favor de Boggiano luego de un cuarto intermedio. Y de remarcar que el fallo de los conjueces «no tiene ningún valor». Una hipocresía: si los cinco jueces que aceptaron analizar el caso Boggiano y ordenaron regresar al cortesano al tribunal, en un próximo paso anulan la sentencia y la acusación del Senado, el juez supremo será repuesto en su silla.

Además, habrá quedado abierto un conflicto de poderes. Es decir, estará cuestionada la potestad del Congreso para remover a un juez cuando no se trate de un delito gravísimo y sólo se lo castigue por sus sentencias.

La causa Meller tiene ese contenido. Es doctrina de hace 50 años en la Corte no revisar una sentencia que provenga de un Tribunal Arbitral de Obras Públicas.

Además, los jueces (a los que se les reclama independencia) tienen como horizonte el caso del juez Samuel Chase. Cuando en 1805 el Congreso de Estados Unidos, con mayoría republicana y disgustado por la línea política de la magistratura, llegó a acusar a Chase por su decisión en el caso de la Alien and Sedition Act, el Senado correctamente lo absolvió, porque entendió que había una politización del juicio del magistrado.

Chase
salió del Senado y permaneció seis años más en su cargo hasta que murió. Nunca más en Estados Unidos se repitió un extremo de esa naturaleza. Por eso, la elección de los jueces de la Corte Suprema resulta hoy en ese país tan importante como la de un presidente.

Desde la conclusión del procedimiento contra el juez
Chase hasta el presente, la opinión generalizada es que la invocación del procedimiento de juicio político no es una respuesta apropiada para contrarrestar decisiones judiciales no populares.

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