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En silencio comenzó la detención a ex militares
Raúl Alfonsín
Estará a cargo del secretario de la Corte Suprema, Rolando Gialdino, un especialista en la materia (trabajó en el proyecto de reforma judicial, en representación del Tribunal).
Una de las causas más complicada está en poder del juez Rafecas, en la que, además de militares, está siendo investigado personal del Servicio Penitenciario Federal y de Gendarmería que actuó en los centros clandestinos de detención. En la Corte se evalúa que la causa del Primer Cuerpo de Ejército será la que más expedientes mueva, tanto por el número de detenciones como por la cantidad de quejas y recursos extraordinarios que podrían presentarse.
En el caso de Gendarmería, tras la caída de las «leyes del perdón», esa fuerza quedó en el ojo de la tormenta. El viernes pasado, Rafecas ordenó la detención de varios gendarmes. Uno de ellos es un comandante retirado que tenía radio de acción en la cárcel clandestina conocida como El Olimpo.
Se trata de Eugenio Pereyra, quien está acusado de haber presuntamente participado de la desaparición del científico Alfredo Antonio Giorgi, quien el 27 de noviembre de 1978 fue secuestrado en su lugar de trabajo dentro del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).
El gendarme retirado trabajaba como jefe de Planeamiento de la Ayuda Mutua del Personal de Gendarmería Nacional (Amugenal).
Diversos testimonios incorporados en la causa aseguran que Pereyra cumplía funciones de dirección y mando en El Olimpo, el centro clandestino de detención que funcionaba en un garaje de la Policía Federal en Lacarra y Ramón Falcón.
En 1984, un juez federal de San Martín dispuso la captura de este gendarme, que huyó a su provincia natal, Misiones, y se mantuvo prófugo hasta que en 1987 fue beneficiado con la Ley de Obediencia Debida, ahora declarada inconstitucional.


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