1 de octubre 2003 - 00:00

Menem habría pagado pero también cobrado (?)

Surge de la declaración que ayer formuló el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy que Carlos Menem "pagó" a distintos informantes, dentro y fuera del país, para obtener datos que permitieran alcanzar la verdad sobre el atentado contra la AMIA. La Justicia argentina investiga esos "pagos". Pero en los mismos tribunales, a su vez, se indaga también si Menem "cobró" del Estado iraní por ocultar los datos que permitieran alcanzar la verdad sobre el atentado contra la AMIA. Así, el riojano es acusado de haber pagado para que se sepa y cobrado para que no se sepa. Es "la lógica peculiar que da el odio" de la que hablaba Borges. O el reino de la incoherencia en que a veces se convierte el país.

Menem habría pagado pero también cobrado (?)
El ex jefe de la SIDE, Hugo Anzorreguy, confirmó ayer que el juez federal Juan José Galeano le pidió u$s 400 mil para que declarara el reducidor de autos Carlos Telleldín, pero aseguró que entregó ese di-nero para «desempantanar» la causa que estaba trabada desde hacía dos años.

Anzorreguy
debió esperar a que uno de sus subordinados terminara de declarar antes de sentarse en el banquillo de los testigos y someterse a un interrogatorio dedicado, en buena parte, a insinuar sospechas sobre la figura del ex presidente Carlos Menem (ver aparte).

El ex hombre fuerte de los espías rompió con el mito que existe sobre pagos ocultos, pero que utilizan todos los servicios secretos del mundo cuando necesitan obtener información sobre un ataque terrorista como el ocurrido en la sede judía de la AMIA.

Así dio detalles del encuentro que mantuvo a solas con el juez Galeano dos años después del atentado y con un único detenido: Carlos Telleldín.

«Me dijo que necesitaba la plata para destrabar la causa. Que el crimen más horrendo de la historia estaba parado y que necesitaba que la Secretaría lo ayudara»
, contó Anzorreguy sobre lo expresado por Galeano.

• Bloqueo

Hasta ese momento, el juez había logrado determinar que un misterioso hombre de acento extranjero, el 10 de julio de 1994 (ocho días antes del antentado) había retirado de la casa de Telleldín una camioneta trafic que fue utilizada como coche bomba para hacer volar el edificio de la mutual judía.

Sin embargo, la investigación quedó bloqueada por la negativa de Telleldín a revelar el nombre de las personas que le compraron y se llevaron la camioneta.

Anzorreguy
comentó que Galeano durante la conversación de varias horas le reveló que no podía avanzar sobre la investigación porque «Telleldín tenía miedo».

«El juez necesitaba el dinero para destrabar la causa, darle seguridad y poner a resguardo a la esposa y los cinco hijos de Telleldín para que declare»
, re-cordó el ex jefe de la SIDE quien finalmente dio la orden de entregar el dinero «porque estaba dentro de mis facultades».

A partir de la declaración de
Telleldín la causa recobró impulso. En una declaración realizada el 5 de julio de 1996 y una entrega de u$s 200 mil el reducidor de autos aseguró que entregó la camioneta a policías bonaerenses, entre los que se encontraba el comisario Juan José Ribelli ahora acusado de integrar la «conexión local» que facilitó el ataque.

Pero no fue la única revelación de Anzorreguy.
El ex «Señor 5» aseguró que la Secretaría de Inteligencia «gastó» mucho más que los u$s 400 mil pagados a Telleldín para desempantanar la causa y lograr el esclarecimiento del atentado a la AMIA.

Así sostuvo que se realizaron varias «operaciones secretas» con fondos reservados de la central de inteligencia «buscando pruebas en el mundo».

Cuidando el secreto de no involucrar a otros servicios de Inteligencia,
Anzorreguy contó que muchas de las pruebas que se aportaron a la causa fueron «pagadas a informantes» que les acercaron servicios extranjeros en operaciones conjuntas.

En todos los casos, asumió las responsabilidad y recordó que a poco de producirse el atentado el ex presidente
Menem ordenó que la Secretaría de Inteligencia y todos los medios del Estados se pusieran a disposición de la Justicia para colaborar en la investigación. La expresión dio paso a algunas suspicacias.

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