12 de junio 2003 - 00:00

Ni se saludan, pero ayer, catarsis de acusaciones

El cruce frío, pero contundente, entre algunos jueces de la Corte Suprema de Justicia se tradujo en un torneo de gestos y palabras que el cronista pudo reconstruir en estos términos: La sala de los acuerdos no suele ser escenario de muchos diálogos entre los magistrados. Años de trajín convierten a sus reuniones dominadas por el silencio, en las cuales apenas se cruzan entre sí un «buen día» dirigido a la pared, que responde sólo alguno, más por reflejo que por cortesía. Como en los acuerdos de firma asisten los secretarios letrados, el silencio da reticencia a romper el estilo que imponen los años.

Sentados los nueve jueces -faltó Guillermo López, enfermo y además con la casa quemada-, firmaron algunos expedientes que giraron sobre cuestiones menores, mientras sonaban los cacerolazos en la calle y algunas señales de que ya había ruido en el pasillo del cuarto piso, sede del tribunal supremo.

Cuando terminaron, y antes de que se retiraran los secretarios, estalló la guerra:

Eduardo Moliné O'Connor:
A propósito, vi en la prensa la carta que ha presentado un colega y creo que tenemos que hablar de eso.

Juan Carlos Maqueda:
¿En la prensa? Puede leerla usted mismo acá, se la entrego (y le alcanzó una copia del pedido a Nazareno de renuncia a la presidencia de la Corte).

Adolfo Vázquez:
¿Hay copias? ¿Me da una que no la tengo? Tampoco la leí (recibe la suya mientras otros jueces rechazan las copias que les alcanza Maqueda. «Ya la tengo», dice alguno ante la mirada de los secretarios, sorprendidos al ser testigos de un acuerdo para recordar.

Maqueda:
Quiero aclararles que he querido ejercer el derecho de peticionar con esta carta, y que me fue negado ese derecho cuando me devolvieron la nota.

(Silencio.) Julio Nazareno: ¡Yo no tengo por qué andar recibiendo notas como ésa! Los demás ya lo conocemos.

Maqueda:
¡Usted no me levante la voz, que yo me he dirigido a usted con respeto y le ruego que no use conmigo la gestualidad que usó en público!

Nazareno:
¡El que falta el respeto es usted con cartas como ésta!

Maqueda:
En esa nota he expuesto una posición legítima...

Nazareno:
Está bien, tratemos la carta, a ver... ¿qué resuelve el acuerdo sobre este tema? ¿A ver? (Silencio.)

Carlos Fayt: Yo propongo que se rechace esa presentación del doctor Maqueda por improcedente.

Enrique Petracchi:
Disiento con eso, no es improcedente. En todo caso, hay que poner en actas «Téngase presente», y la damos por recibida sin tomar ninguna actitud...

Fayt:
... Está bien... de acuerdo, hagamos eso.

Antonio Boggiano:
Es lo que correspondería porque es una nota que dirige un miembro de esta Corte a otro miembro, no es una nota al cuerpo... Es correcto, «téngase presente»...

Nazareno:
Yo no voy a decir nada, no me siento agraviado, pero no digo nada...

Boggiano:
No hay por qué sentirse ofendido, pero usted ha estado en medios y armó un lío...

Nazareno:
¿De qué hablan? Es la primera vez que lo hago, aguanté durante muchos años, no es algo que yo haga a cada rato...

Vázquez:
Siempre he pensado que estas cosas deben quedar acá adentro, estos temas hay que ventilarlos entre nosotros. ¿A qué salir a hablar afuera? Eso deteriora a la Corte como institución...

Moliné O'Connor: Estoy de acuerdo, esas cosas se ventilan adentro, no afuera...

Maqueda:
Pienso lo mismo, pero debo aclarar que esto fue a la prensa porque el señor presidente se pasó una semana, de lunes a viernes, hablando todo el tiempo y diciendo cosas de mí y del doctor Boggiano que no puedo aceptar. Esto no lo empecé yo... que quede claro... Fue él el que rompió esa regla de no hablar afuera. Por eso mi carta la escribí con la cabeza, pero también con el corazón. Y no me arrepiento de nada.

Nazareno:
... a mí la verdad que de todo no me llega nada...

Maqueda:
... si el señor presidente no hace más declaraciones, yo tampoco voy a hacer más declaraciones públicas.

(Los ujieres empiezan a cerrar los postigos para acallar los cacerolazos y los personajes hacen mutis por el pasillo, salvo Maqueda, que se topó con una barra de ahorristas enardecidos, pero eso se cuenta en otro lado.)

Dejá tu comentario