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Real motivo de que "Clarín" y Carlotto ataquen a Grassi
Estela de Carlotto y Héctor Magnetto
El éxito de la Fundación y su autor sumó primero el recelo de aquel ex obispo de Morón monseñor Justo Laguna, ya retirado, que no apoyó a Grassi porque sentía molestia por el éxito de la Fundación que estaba justo frente a su obispado. Por ejemplo, Laguna obligaba a Grassi a atender también una parroquia lejana recargándolo más de trabajo. Conocía el obispo la mafia judicial en el fuero penal de primera instancia de Morón, el «Macondo judicial argentino» se lo llama, y guardó silencio con lo cual los alentó. Otro celoso es el psicólogo Enrique Stola, que se encarnizó con la Fundación. El tuvo la supervisión de «Gabriel» y «Ezequiel» y ambos desistieron o se retractaron lo cual desesperó. La jueza de San Isidro Mirta Ravera Godoy, ofendida porque Grassi no la tomó como asesora legal en su Fundación (no podía pagarle un sueldo alto), el fiscal general de Morón Federico Nieva Woodgate -propuesto por aquel justicialista Horacio Román, dirigente político que, para dar un detalle, en la última elección interna se robó en un colectivo todas las urnas con votos de su jurisdicción y las entregó al día siguiente de los comicios- es otro enemigo. Hoy Woodgate no quiere ir a declarar al juicio contra Grassi y, a su vez, le inició una insólita investigación a los 3 jueces (en niveles de cámaras para arriba es normal la Justicia en Morón) que deberán juzgar a Grassi (ver vinculada). Otros atacantes fueron los ex empleados separados de la Fundación que señalaban a los chicos para filmarlos engañados para «Canal 13»; igualmente los vecinos de Grassi que temían se expropiaran sus tierras para ampliar la Fundación. Hoy ya no temen. Por la campaña anti-Grassi del fuero penal primario de Morón en combinación con «Canal 13» se paró el crecimiento -muchos sonríen- de la Fundación. Ni le han quedado aquellas alcancías para recoger vueltos en monedas del pago de peajes en el Camino del Buen Ayre.
En sus sorprendentes palabras carentes de real sustento la señora Estela de Carlotto mencionó «los poderosos intereses detrás del padre Grassi». ¿Qué «poderosos» pueden ser si el que trata de amedrentar jueces para obligarlos a condenar a Grassi es nada menos que el monopolio «Clarín»? La propia presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo tiene enorme poder -aunque no sea económico- y se lo hacen utilizar, como se vio.
Además, ese fiscal general del insólito Morón judicial, Federico Nieva Woodgate, domina un grupo de 4 fiscales y los utilizó y sigue utilizándolos permanentemente contra el sacerdote tras ponerse en marcha el complot judicial. Hasta jueces tiene en contra Grassi, como Humberto Meade, que debió ser separado de la presunta -en realidad falseada- causa contra Grassi de posible corrupción de menores precisamente por «prejuzgar» (obviamente en contra del religioso) y Meade es «juez de garantías» (?).
• Lamentable
Por eso, se dice en Morón que si usted atropella sin querer a un ciclista súbalo al auto cuidadosamente y llévelo a la jurisdicción próxima de Haedo si quiere asegurarse real justicia. Es lamentable ver estas formas de falta de equidad y de violación del debido proceso en focos judiciales zonales, sobre todo bonaerenses. La señora Carlotto no sólo prejuzgó al religioso para que «Clarín» lo difundiera ampliamente -inclusive el último domingo su día de alta venta- para influir en la opinión pública y condicionar el juicio. También acusó a los miembros del Tribunal Nº 4 de Morón de tener un «acuerdo» con la defensa de Grassi. Cualquier abogado, hasta un recién recibido, sabe que si alguien desiste de ser «particular damnificado», como hizo «Gabriel» por carta manuscrita, que es una forma contundente, no puede asumir tal carácter su abogado, en este caso Juan Pablo Gallego que usa a la señora Carlotto. El único que puede estar en un juicio como «damnificado» es quien se siente tal, no su abogado. También es inimaginable que letrados como los que tiene Grassi -Jorge Sandro, Adrián Maloney, Luis Osler, Andrea Novello y Laura Fechino- puedan jugar su prestigio en un intento de «arreglo» así. Sucede que aplicar lo que dice la ley en Morón es difícil.


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