La gastronomía atraviesa un escenario cada vez más difícil para las empresas que crecieron al calor del consumo y ahora deben enfrentar una realidad muy distinta. Le Blé, la cadena de panaderías y cafeterías que llegó a tener 39 locales y proyectó incluso desembarcar en España, pidió esta semana la apertura del concurso preventivo de acreedores.
La cadena de cafeterías Le Blé pidió el concurso de acreedores: debe más de $1.500 millones y busca evitar el cierre de su negocio
La sociedad que opera la marca atribuyó ante la Justicia el deterioro a la caída del consumo, la pérdida de franquicias de alta facturación y las dificultades para acceder al crédito. Tiene dos pedidos de quiebras y más de 175 cheques rechazados.
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La firma llegó a tener 39 locales operativos y planeaba expandirse en el exterior.
La presentación la hizo Be Larch S.A., la sociedad que opera la marca, que declaró ante la Justicia 76 acreedores y una deuda total de $1.566,8 millones. El expediente permite conocer cómo una empresa que durante años creció con locales propios y franquicias terminó con problemas para pagar a bancos, proveedores y trabajadores.
Actualmente la firma mantiene alrededor de 20 locales activos, la mayoría bajo la modalidad de franquicias y según surge en el expediente Be Larch, opera en la actualidad solo un local de manera directa, es decir que en poco tiempo la compañía sufrió el cierre de prácticamente la mitad de sus unidades productivas.
La compañía ubicó el comienzo de la cesación de pagos el 10 de abril de este año, cuando no pudo cubrir la cámara compensadora bancaria y comenzaron a rechazarse los cheques que había entregado.
Más concretamente, en el expediente, Be Larch explica que durante 2024 y 2025 sus ingresos cayeron por la pérdida de unidades comerciales y la salida de franquiciados de alta facturación, a lo que sumó el menor consumo en gastronomía, panadería y cafetería.
El problema fue que la empresa había armado su estructura pensando en seguir creciendo. Con menos ventas y menos locales, esa estructura quedó grande para el nuevo tamaño del negocio. La compañía también señaló el aumento de los costos operativos, laborales y fiscales y las dificultades para conseguir financiamiento.
De una boulangerie en Colegiales a una red de franquicias
Le Blé nació en 2008 de la mano de Pablo “Paul” Petrelli y su esposa, Donatienne Fievet. La apuesta fue llevar a Buenos Aires el concepto de las boulangeries francesas, con panadería, cafetería y elaboración propia. El primer local abrió en septiembre de ese año en Álvarez Thomas y Céspedes, en Colegiales, con una inversión inicial cercana a u$s150.000.
Petrelli venía de la industria aerocomercial, donde había trabajado durante más de dos décadas en LAN Airlines, antes de dedicarse de lleno al emprendimiento gastronómico. El negocio funcionó. La cadena abrió sucursales, desarrolló un centro de producción propio y encontró en las franquicias una forma de acelerar la expansión.
En 2018 ya tenía 22 sucursales. Años después llegó a informar 39 locales entre propios y franquiciados y hasta evaluó la posibilidad de desembarcar en Madrid. Ese crecimiento, sin embargo, quedó atrás.
En este marco, los números del balance de la empresa muestran el cambio de escenario. En 2025, Be Larch facturó $2.577,8 millones, frente a $3.079,1 millones en 2024. El resultado también cambió de manera fuerte: pasó de ganar $177,6 millones a perder $214,3 millones en un año. El costo de los servicios vendidos alcanzó $2.101,9 millones, mientras que los gastos administrativos fueron de $639 millones y los de comercialización, de $76 millones.
A fines de 2025, Be Larch tenía $1.591,4 millones de activos y $1.214,4 millones de pasivos. El pasivo corriente llegaba a $1.090,2 millones y el capital de trabajo era negativo en $687,4 millones. En ese balance, el auditor ya había advertido sobre las dudas respecto de la capacidad de la sociedad para continuar funcionando como empresa en marcha.
Menos locales, menos empleados y una caja que no alcanzó
El concurso no fue el primer intento de la empresa para ordenar sus cuentas. Según explicó Be Larch en el expediente, durante 2026 redujo costos, renegoció con proveedores, reprogramó vencimientos y cerró locales propios que daban pérdidas. También hizo cambios en su estructura administrativa.
El ajuste llegó además al personal. La sociedad informó que tenía unos 49 trabajadores en noviembre de 2025 y que al momento de presentarse en concurso quedaban 15 empleados. En pocos meses, la dotación se redujo en más de dos tercios.
La reducción formó parte del intento de adaptar los gastos a un negocio que ya no tenía el volumen de años anteriores. Pero el recorte no alcanzó para resolver la falta de liquidez.
Después del episodio del 10 de abril, cuando comenzaron los rechazos de cheques, el 10 de mayo se trabó un embargo general sobre fondos y valores por $16 millones, más otros $2,4 millones previstos para intereses y costas.
También fueron cerradas las cuentas corrientes que la compañía utilizaba en Banco Galicia, Banco Macro, Banco Nación y Banco Ciudad. Be Larch pidió judicialmente que fueran reabiertas porque necesita operar con los bancos para pagar proveedores, impuestos y salarios y sostener la actividad.
Para entonces, los problemas de pago ya habían llegado a los proveedores y a los tribunales.
175 cheques rechazados y dos pedidos de quiebra
Antes de presentarse en concurso, Be Larch acumulaba 175 cheques rechazados por más de $205 millones, según los registros del BCRA. La mayor parte había sido emitida entre abril y junio de 2026, en paralelo con el agravamiento de la situación financiera.
A esto se sumaron dos pedidos de quiebra. Uno fue iniciado por Posta Express S.R.L., después del rechazo de un echeq por falta de fondos. El acreedor reclamó una deuda que, con intereses y gastos, superaba los $1,19 millones.
El segundo pedido fue presentado por Molino Chacabuco, proveedor de harina e insumos para panificación. El reclamo se originó en tres cheques electrónicos rechazados por falta de fondos. El capital superaba los $11,4 millones y, con intereses e IVA, el monto se acercaba a $11,8 millones.
Una deuda que alcanza a bancos, proveedores y trabajadores
La nómina presentada en el concurso muestra que la deuda de BE LARCH va mucho más allá del sistema financiero. Los $1.566,8 millones corresponden a 76 acreedores entre bancos, proveedores, organismos fiscales y trabajadores.
Entre los principales aparecen Banco Galicia, con unos $196 millones; Lodiser, con $182,8 millones; ARCA, con $163,1 millones; Banco Ciudad, con $134,2 millones; Banco Nación, con $125 millones; Café Expreso, con $119,6 millones; y Banco Macro, con $75 millones. También aparecen acreencias laborales por $112,5 millones, $76,1 millones, $66,6 millones y $57,9 millones, entre otras.
La información del Banco Central muestra, además, que a junio tenía $532,3 millones de deuda financiera. Galicia concentraba $204 millones; Nación, $128,4 millones; Ciudad, $109,1 millones y Macro, $79 millones.
Ahora Le Blé busca que el concurso le permita ordenar sus deudas, mantener la actividad y preservar los puestos de trabajo mientras negocia con sus acreedores.
Todo parece indicar que la burbuja que durante años sostuvo el crecimiento de las franquicias gastronómicas también empezó a pincharse por el lado del consumo. El modelo que funcionaba con más locales, más clientes y nuevas aperturas ahora enfrenta menos ventas, costos más altos y poco margen para financiarse. Le Blé aparece así como un caso más dentro de un mapa cada vez más amplio de empresas que después de años de crecimiento y expansión hoy tienen que achicarse, renegociar deudas o directamente recurrir a la Justicia para intentar seguir abiertas.


